19 de abril de 2016

#DailyLine Libro 9 (ADELANTO): Huevo de Pascua.

Fuente/Source: Diana Gabaldon


(En el que una gran tormenta irrumpe en el Cerro Fraser, y Claire sale corriendo a rescatar a los pollos).

Me mantuve de pie, sin aliento, durante un momento, limpiándome el sudor de la cara con mi delantal, pero una ráfaga de lluvia premonitoria contra la piel que cubría la ventana me hizo que corriera a la puerta trasera, agarrando un gran cesto con tapa en el camino.

Catorce gallinas Nankin, cuatro gallos escoceses y dos gallos comunes. A las gallinas Nankin les gustaba posarse en las ramas bajas del carpe cerca de su gallinero pero los gallos podrían estar en cualquier parte....

Efectivamente, una cantidad de sombras redondas, agitadas por el viento, estaban juntas y amontonadas en grupo en las ramas bajas del carpe. Una, dos, tres, cuatro, cinco.... las conté mientras las sacaba del árbol y las metía sin piedad en la cesta. Ellas chillaron pero no se resistieron; los pollos no son brillantes, pero pensé que tenían la suficiente sensibilidad para sentirse agradecidos de ser rescatados de la tormenta que se acercaba. La temperatura del ambiente había caído unos diez grados en los últimos minutos.

Ocho hasta ahora.....¿dónde estaban los otros?

"¡Chook-chook-chook-chook-chook!" llamé, con mi voz apenas audible contra el viento. Hubo un leve chillido pero suficiente para que tornara mi atención hacia el gallinero. Sí, dos más debajo, la gran gallina roja, acurrucada sobre su camada de pollitos, y uno de los gallos, con las plumas completamente extendidas y con sus ojos amarillos como loco- me picoteó salvajemente la muñeca cuando cogí a la gallina roja, haciéndome sangrar.

Emití un par de palabras en voz baja y le agarré por el cuello. Estuve tentada de estrangularlo en ese momento, pero en lugar de eso me puse de pie, abrí la puerta del gallinero y lo metí dentro, evitando por los pelos ser golpeada con sus espuelas. Vacié el contenido de la cesta tras él, me puse de rodillas y cogí la gallina roja, empujándola al gallinero también, luego cerré la puerta, y me puse de rodillas a buscar como loca a los pollitos.

La lluvia comenzó a caer de verdad en ese momento, había dejado de ser solo un travieso golpeteo. Gotas frías golpeaban mi espalda, duras como piedras. ¿Cuántos pollitos había? Los iba echando en mi delantal, intentando llevar la cuenta cuando los alcanzaba en las profundas sombras de debajo del gallinero. Mis dedos chocaron con algo duro que rodó, un huevo extraviado. Alentada por ello,lo metí en mi bolsillo con un último "¿chook-chook?" decidí que los tenía todos y sacudí las pequeñas bolas peludas dentro de la cálida oscuridad del maloliente gallinero, donde se lanzaron como bolas locas de ping-pong antes de aterrizar en su cacareante madre. 

Cerré la puerta y puse el pestillo, después me levanté respirando con dificultad, dándome cuenta de la razón por la que sentía las gotas tan  frías y duras era porque en realidad era granizo. Pequeñas y blancas esferas rebotaban en mi cabeza y bailaban sobre el campo, cubriendo rápidamente los trozos de maíz dispersos y los excrementos de pollo.


Me puse el chal sobre la cabeza y busqué bajo los arbustos cercanos al gallinero, luego un poco más arriba en el camino hacia el jardín de Malva, a las gallinas le encantaba ir allí y comer los asquerosos gusanos de los tomates fuera de las matas silvestres,  pero allí no había ningún signo de movimiento entre los pokeweeds, solamente el viento. El granizo se detuvo tan abruptamente como empezó, y yo me sacudí pequeños trocitos de hielo de mis hombros, preguntándome dónde demonios buscaría a continuación.

Volví la cabeza y grité varias veces "!co-co-ro-có!", tan alto como pude, a veces puedes inducir a un gallo belicoso a que te conteste, pero hoy no.

Sentí un pánico creciente. El viento pegaba mi falda a mis piernas y podía sentir la lluvia contra mis mejillas; Jamie no se había equivocado en su predicción de lo que sucedería con las gallinas, había perdido muchas a través de los años, por los zorros y otros depredadores, pero la mayoría de ellas por las inclemencias del tiempo. si no habían sido arrastradas lejos, podrían congelarse hasta morir sentadas en un árbol durante la noche, con sus cuerpos emplumados golpeando el suelo al caerse, como bolas de cañón.

Bajé el camino corriendo hacia la casa de verano, no había señal de pollos, luego subí y crucé el excusado, a las gallinas le gustaba protegerse entre las madreselvas algunas veces...

La puerta estaba entreabierta, algún hombre descuidado no había cerrado la puerta bien, y la abrí con cautela. Una vez había abierto la puerta del retrete y sorprendí a una enorme serpiente de cascabel enrollada en el asiento. La sorpresa mutua había sido suficiente para no volver a abrir una puerta como esa sin precaución.

La cautela quedó justificada en esta ocasión, aunque el retrete estaba afortunadamente vacío de serpientes y pollos, contenía una sorprendida ardilla roja, que se escabulló por la pared y subió al tejado con su cola en alerta y chillándome enfadada.

"Si piensas que almacenamos nueces aquí durante el otoño," dije señalándola con el dedo, "estás muy equivocada."

Un repentino estruendo de nuevo granizo sobre el tejado de cinc hizo que me pusiera en acción y corrí hacia el granero a través de una pequeña tormenta de nieve, si alguna de esas condenadas gallinas estaban fuera en este momento, morirían, estos granizos eran del tamaño de las grosellas verdes y casi tan duras cuando golpeaban mis manos desnudas y mi cara.

La puerta del granero estaba medio abierta, vislumbré el bulto gris de la mula Clarence en la oscuridad, y me gruñó amigablemente cuando entré, sin aliento por correr a través de la tormenta de nieve. No estaba en ningún establo, era evidente que había saltado la valla y se había dirigido sensatamente al granero cuando había sentido el tiempo que se avecinaba. Arrancaba bocados de heno de la pila que había en el suelo, sin importarle que había otro refugiado de la tormenta que estaba utilizando también el heno. La cerda blanca estaba reclinada majestuosamente en el disperso montón, acompañada de sus dos hijas con manchas negras, de la mitad de su tamaño, todos ellos parecían encantados consigo mismo.

No había estado tan cerca de la cerda blanca hacía un par de años, y me paré en seco ante su visión tan cerca de mi mano. Era inmensa, calculé que estaría entre cinco y seiscientas libras en este momento, y sabía bien de su carácter irascible.

"Encantada de ....encontrarte...aquí," dije, presionando mi espalda contra la pared e intentando no hacer ningún movimiento que pudiera considerar una amenaza. Incluso Clarence mantenía una respetuosa distancia del trío porcino. Miré de un lugar a otro por si los pollos estaban allí, bien podrían encontrarse aquí, pero no había ningún movimiento a lo largo de las paredes o escarbando buscando grano en el duro y sucio suelo. Posiblemente los cerdos se los habían comido.

Busqué la salida dejando cuidadosamente la puerta medio abierta. Si un cerdo de ese tamaño quería abandonar un lugar, la presencia o no de una puerta no sería impedimento.

El granizo se había convertido en lluvia. ¿Y ahora qué? Me envolví el chal más fuertemente alrededor del cuerpo y me preparé para correr hacia la casa. Si los pollos que quedaban no habían encontrado refugio todavía, era demasiado tarde.


1 comentario:

  1. Sigo con deleite cada uno de estos adelantos . Muchas gracias por ellos .

    ResponderEliminar