12 de agosto de 2017

#DailyLine (ADELANTO) : La historia de los padres de Jamie (sin título aún) [SPOILERS]

Fuente/Source: Diana Gabaldon



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"¿Me alcanzas el pico, hijo?" Sus dedos ya habían comenzado a jalar de la piedra, pero su mente no tenía paz -sólo pensar en la palabra 'hijo', y el miedo se alzaba bajo sus costillas. Tal vez hoy tendría otro hijo, qué pensamiento extraño. O podría ser otra hija. O...

"¡El pico, Willie!" dijo con brusquedad, descartando esa idea antes de que tomara forma.

"Lo tienes en la mano, Pa," contestó Willie con impaciencia. Estaba sentado en la cerca. Golpeteando sus talones y echando cada tanto miradas hacia la casa. Brian lo había traído al potrero más alejado porque desde allí no se oían ruidos desde la casa. Willie tenía fruncidas sus pequeñas cejas pelirrojas -Dios, igual que Ellen, Oh, Dios, por favor...- su pequeño rostro preocupado, como si tratara con esfuerzo de escuchar.

"Oh." Brian miró sin expresión al instrumento en su mano, sacudió la cabeza para despejarse, y logró liberar la piedra con un solo movimiento. "¿Conoces alguna canción, Willie?"

Por un momento, Willie se concentró aún más, luego giró la cabeza hacia un lado y el otro, y comenzó a cantar. El pequeño sabía la mitad de "( )", el primer verso de "( )" -el cuál repitió varias veces mientras trataba de recordar otra melodía, y probó con éxito el Kyrie de misa. 

Brian dejó ir al caballo, y mientras alzaba a Willie de la cerca, le enseñó el estribillo de "Ho ro, mo nighean", que implicaba mucho zapateo y palmas, a pesar que su calzado no emitía mucho ruido en la tierra del potrero.

Esto logró distraerlos durante un breve instante, y cuando se detuvieron, jadeantes, Willie miró a su padre y preguntó con tristeza, "No vamos a cenar absolutamente nada, Pa?"

Brian se giró involuntariamente en dirección a la casa. La chimenea de la cocina se erguía alta y fría, aunque salía humo del otro extremo de la vivienda, del hogar de su habitación.

"Supongo que la señora MacLaren está ocupada ayudando a tu madre," le dijo, con un nudo en la garganta al pronunciar la palabra 'madre'. Respiró hondo y juntó coraje. "Vamos, entonces, a bhailach, nos fijaremos qué hay en la despensa."

Willie era demasiado grande para cargarlo, pero Brian tuvo el repentino impulso de cargar a su hijo y abrazarlo fuertemente, reconfortándose en la sólida tibieza del muchacho.

4 de agosto de 2017

#DailyLine (ADELANTO) Libro 9: El color de las sombras

Fuente/Source: Diana Gabaldon


 


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Bree tomó aire profundamente, saboreando la soledad momentánea. Había un fuerte aroma a Otoño en el ambiente aunque el sol brillaba a través de la ventana, y un abejorro tardío zumbaba lentamente, girando alrededor de las decepcionantes flores de cera y zumbaba nuevamente mientras se alejaba.

Pronto llegaría el invierno a las montañas. Sintió un fuerte anhelo por las rocas altas y el limpio aroma del abeto balsámico, la nieve y el barro, el aroma tibio de los animales guardados. Y mucho más, por sus padres, por la sensación de tener a la familia a su alrededor. Movida por un impulso, pasó la página de su libro de bocetos y trató de capturar una imagen del rostro de su padre- solamente una línea o dos de perfil, la longitud de su larga nariz y el marcado ceño. Y la pequeña línea curva que sugería su sonrisa, escondida en la comisura de su boca.

Por el momento era suficiente. Con la reconfortante sensación de su presencia a su lado, abrió la caja donde guardaba los pequeños tubos de plomo y los pequeños botes de pigmento hecho a mano, y fabricó su sencilla paleta. Blanco, un toque de negro claro, y una mancha de rosado. Después de un momento de duda añadió una pequeña línea de amarillo limón, y un toque de cobalto.

Con el color de las sombras en su mente, se dirigió hacia la pequeña colección de lienzos que había sobre la pared, y descubriendo el retrato inacabado de ..., lo dejó sobre la mesa donde podría captar la luz matinal.

"Ese es el problema," murmuró "Quizás..." La luz. Lo había hecho con una fuente de luz imaginaria cayendo desde la derecha, para que proyectara una mandíbula relajada. Pero no había pensado en imaginar qué tipo de luz había. Las sombras proyectadas por una luz matinal en ocasiones tenían un ligero tono verde, mientras que las de mediodía eran oscuras, un ligero bronceado de los tonos naturales de la piel, y las sombras nocturnas eran azules y grises y a veces de un lavanda profundo. ¿Pero qué hora del día iba bien al misterioso...?

Sus divagaciones fueron interrumpidas por el sonido de la risa de Angelina y los pasos en el recibidor. La voz divertida de un hombre, el Sr. Brumby saliendo.

"Ah, Sra. MacKenzie. Que tenga una buena mañana, señora." Alfred Brumby se detuvo en la puerta dirigiéndole una sonrisa. Angelina se colgó de su brazo, despidiéndole y echándole polvo blanco en la manga de su traje verde botella, pero él pareció no darse cuenta. "¿Y cómo va el trabajo si puedo preguntar?"

Fue lo suficientemente cortés como para que sonara cómo si realmente estuviera pidiendo permiso para preguntar y no estuviera demandando un informe sobre su progreso.

"Muy bien, señor," dijo Bree dando un paso atrás e indicándole que podía entrar y ver los bocetos de la cabeza que había hecho hasta ahora, y estaban dispuestos en abanico sobre la mesa: la cabeza completa y el cuello de Angelina desde múltiples ángulos, una visión de cerca de la línea del pelo, de lado y de frente, pequeños detalles de rizos, ondas y brillantes.

"¡Bello, bello!" exclamó él. Se inclinó sobre ellos, sacó una lupa de su bolsillo y la usó para examinar los dibujos. "Te ha capturado exactamente, querida -algo que no pensé que fuera posible sin usar grilletes, debo confesar."



1 de agosto de 2017

#DailyLine (ADELANTO) Libro 9: A la luz de la vela. [SPOILERS]

Fuente/Source: Diana Gabaldon

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La pequeña estructura de madera a la que los escoltaba el teniente podría haber sido originalmente un gallinero, pensó Brianna, agachándose bajo el delgado dintel. Alguien había estado viviendo allí, había dos colchones de paja rústicos y mantas en el suelo, un taburete que sostenía una jarra y vasija astilladas y manchadas, y un orinal de latón esmaltado en mejores condiciones. 

"Le pido disculpas, señora," dijo el teniente por enésima vez. "La mitad de nuestras carpas de campaña se han volado y los hombres están sosteniendo la otra mitad." Levantó su linterna, mirando con sospecha las manchas oscuras que se filtraban por las tablas de la pared. "No parece tener demasiadas goteras. Todavía."

"Está perfecto," le aseguró Brianna, quitándose del medio para dar paso a sus dos fornidos escoltas. Con cuatro personas dentro del cobertizo, no había, literalmente, lugar ni para darse la vuelta, y mucho menos acostarse. Brianna apretó su caja de dibujo bajo su abrigo, por temor a que fuera pisoteada. 

"Estamos en deuda con usted, teniente." William estaba inclinado casi a la mitad debido al techo bajo, y se las ingenió para asentir con la cabeza en dirección de Hanson. "¿Comida?"
"Por supuesto, señor," le aseguró el teniente. "Siento mucho que no haya una fogata, pero al menos estarán protegidos de la lluvia. Buenas noches, señora MacKenzie -y gracias otra vez."

Esquivó a John Cinnamon, y desapareció en la noche tempestuosa, sosteniendo el sombrero sobre su cabeza.

"Usa ese," le dijo William a Brianna, señalando con la barbilla hacia el colchón más alejado de la pared con goteras. "Cinnamon y yo nos turnaremos para usar el otro."

Brianna estaba demasiado cansada para discutir con él. Apoyó su caja de dibujo, sacudió la manta, y cuando vio que ninguna chinche, piojos o arañas salieron de ella, se sentó, sintiéndose como una marioneta a la cual le habían cortado los hilos que la sostenían.

Cerró los ojos, escuchando cómo William y Cinnamon se las arreglaban para moverse dentro del pequeño lugar, dejando que las voces la calmaran como el viento y la lluvia afuera. Imágenes se amontonaron detrás de sus ojos, la hierba pisoteada del sendero ribereño, los rostros con miradas sospechosas de los centinelas británicos, la luz constantemente cambiante en el rostro del hombre muerto; su hermano,  sacudiendo la barbilla exactamente de la misma forma que su padre, el padre de ambos, manchas oscuras de agua y otras claras de las heces de las gallinas sobre los tablones se dejaban ver a la luz de la linterna....luz....sintió como si hubieran transcurrido mil años desde que había visto el resplandor rosa del amanecer a través de la pequeña y dulce oreja de Angelina Brumby.

Abrió los ojos en la oscuridad, y sintió una mano posarse en su hombro.

"No duermas hasta que no hayas comido algo," dijo William en tono divertido. "Prometí que no te faltaría alimento, y no me gustaría quebrantar mi palabra."

"¿Comida?" Sacudió la cabeza, parpadeando. Un resplandor repentino se alzó detrás de William, Brianna pudo ver al gran indio colocar una vasija de arcilla junto a la vela que acababa de encender. Inclinó la vela sobre el orinal invertido, y luego la pegó en la cera derretida, sosteniéndola hasta que la misma endureció.

"Perdón, debería haber preguntado primero si necesitabas orinar," dijo Cinnamon mirándola con culpa. "Es solo que no hay otro lugar donde colocar la vela."