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7 de marzo de 2016

Diana Gabaldon, sobre el aniversario de Outlander.


«Siempre desaparece gente...»

Hoy (quiero decir, el 6 de Marzo), fue una suerte de Año Nuevo personal para mi.  El 6 de Marzo de 1988 comencé a escribir un libro. Una novela. 

Estaba escribiendo para practicar, para poder aprender qué es lo que se necesita para escribir una novela. Desde que tengo 8 años he sabido que estaba destinada a escribir novelas, aunque la misma no es una carrera que venga con instrucciones detalladas. Todo aquel que escribe una novela, descubre el proceso a medida que escribe.

«—Bueno, ¿puedes sentarte en la montura, muchacho?
  —Sí, si me quitáis a la chica de encima y me traéis una camisa limpia.»

En ese momento, yo era científica. Tengo todo tipo de títulos en Ciencias Biológicas (que incluyen un doctorado en Ecología Cuantitativa del Comportamiento) y era profesora adjunta de investigación en una universidad grande. No llegas a esas instancias sin aprender a escribir, aunque escribir ficción es un tanto diferente a redactar propuestas de subvención, artículos académicos, libros de texto, tutoriales, concursos, y todas las impertinencias que implica una carrera académica. 

Al mismo tiempo, la escritura es la escritura. Ser conciso, claro y elegante son condiciones tan deseables en la escritura académica como lo son en la mayor parte de la ficción literaria, y los aspectos prácticos de la buena escritura son sólo eso: lo básico y esencial.

«Las personas son gregarias por necesidad. Desde los días de los primeros habitantes de las cavernas, los seres humanos —lampiños, débiles e indefensos excepto por la astucia— habían sobrevivido agrupándose; sabiendo, como muchas otras criaturas comestibles habían averiguado, que la unión implica protección. Y ese conocimiento, arraigado en lo más profundo, es lo que sustenta la oclocracia. Puesto que durante innumerables años, separarse del grupo —ni qué decir de enfrentarse a él— había significado la muerte de toda criatura que osara intentarlo. Oponerse a una multitud requería algo más que coraje; algo que iba más allá del instinto humano. Y me temía que yo no lo tenía. Y ese temor me avergonzaba.»

Así que cuando finalmente decidí que iba a escribir una novela, tenía conmigo la seguridad de que sabía cómo escribir. No estaba preocupada por mi capacidad de manejar la gramática, ortografía o puntuación, y sabía lo que era un párrafo.

Yendo al punto (en ese entonces tenía 36 años), había escrito todo tipo de cosas que están relacionadas con el obtener varios títulos, establecer una carrera académica y convertir eso en un programa internacional de seminarios y escribir sobre computación científica, y luego una carrera paralela escribiendo para la prensa en computación. Y luego estaban los cómics de Walt Disney...

«—¿Estás cansada, Sassenach? —preguntó, preocupado—. Descuida, no tardaré mucho. —Ahora alzaba la falda con ambas manos y la pesada tela se amontonaba en la parte delantera.
—¡No! —respondí, consciente de los veinte hombres que yacían a escasos metros—. No estoy cansada. Es sólo que... —Me quedé sin aliento al sentir que la mano inquieta alcanzaba su objetivo entre mis piernas.
—Dios mío —susurró—. Es resbaladizo como el fondo del lago.
—¡Jamie! ¡Hay veinte hombres durmiendo junto a nosotros! —grité en un murmullo.
—Se despertarán si sigues hablando.

El punto aquí es que nunca nadie me dijo como escribir una tesis doctoral, una propuesta de subvención, un artículo para una revista académica, un artículo para una conocida revista de divulgación científica, o documentaciones de programas. Sólo miré algunos ejemplos, probé una vez, y si no me parecía que estuviera correcto, le daba vueltas hasta que sí lo hiciera.

Las novelas, pensaba, funcionarían de la misma manera. Y después de todo, hacía más de 30 años que las leía. Seguramente si escribía una, sería capaz de reconocerlo. 

Entonces, empecé a escribir una novela. A modo de práctica; no tenía la intención de mostrárselo a nadie; ni tampoco de decirle a nadie lo que estaba haciendo. Esto era para mi, para que pudiera aprender cómo hacerlo.

«Aquí, un antiguo mirador sin vidrio se abría al cielo. La luz de la luna nos bañó en plata. Yacimos abrazados mientras nuestra piel húmeda se refrescaba en el aire del invierno y aguardábamos que nuestros corazones furiosos se serenaran y nuestros cuerpos jadeantes recobraran el aliento.
Era una luna de Navidad, tan grande que casi llenaba la ventanuca vacía. No parecía sorprendente que las mareas del mar y los períodos de la mujer se rigieran por las influencias de aquella orbe majestuosa, tan cercana y dominante.
Pero mis propios períodos ya no obedecían esos dictámentes castos y estériles. Y el conociemiento de mi libertad me recorrió la sangre como una ráfaga de peligro.
—También tengo un regalo para ti —murmuré a Jamie de pronto. Se volvió hacia mí y su mano grande y segura acarició mi vientre, aún plano.
—¿De veras?
Y el mundo estaba a nuestro alrededor, nuevo en sus infinitas posibilidades.

Eso era OUTLANDER. Y este pequeño mensaje es una nota de agradecimiento para todos aquellos que me han acompañado en este largo y extraño viaje durante estos 28 años.

Slainte mhath!

Diana. 

6 de marzo de 2014

Un 6 de Marzo de 1988 nacía "Outlander" de la mano de Diana Gabaldon

La publicación original en inglés se encuentra en la página de Facebook de Diana Gabaldon.
Traducción: Outlander En Español.


«Ocasionalmente me preguntan como llegué a escribir 'Outlander', y dado que hoy se conmemoran 26 años desde que empecé con ella, pensé que podría publicar un mensaje que lo explicara. Lo escribí hace unos años, para agradecer a la gente de Compuserve, que fueron 'Testigos de la Creación'; y hoy lo he actualizado.

De izq. a der: portada USA 1991, portada USA actual, portada Reino Unido

Mis queridos:

El 6 de Marzo de 1988 comencé a escribir una novela. No iba a decirle a nadie qué era lo que estaba haciendo, ni tampoco trataría de publicarlo. Solo quería aprender a escribir una novela, y había llegado a la conclusión (habiendo escrito todo tipo de publicaciones científicas hasta ese momento) que la única manera de hacerlo era escribiendo una. (Y mi suposición no era errónea, por cierto).

Ahora, como un efecto secundario (y bastante complejo) de mi trabajo, me había convertido en una experta en computación científica (es muy fácil convertirse en un experto cuando hay solo 6 personas en el mundo que se dedican a esto, y así estaba yo a comienzos de los 80), y como un efecto secundario aún más raro, me convertí en miembro de "Compuserve Books and Writers Community" (en ese entonces llamado " El Foro Literario"), a finales de 1986.

Bien, cuando decidí que aprendería a ser escritora al escribir una novela, también decidí algunas otras cosas:

1) No le diría a nadie qué era lo que estaba haciendo. Aparte de la sensación de puro descaro involucrado en ello, no quería que un montón de gente me diera sus opiniones de lo que yo debería estar haciendo, antes de que yo tuviera la oportunidad de resolver las cosas por mí misma (como dije, ya había escrito muchas cosas de no ficción hasta este punto, y nadie me había dicho como). Además, no quería que un montón de entrometidos (en mi vida personal) me dieran sus ideas, me preguntaran cuando estaría terminado, y cuando sería publicado, etc. , ya que no tenía idea de si sería capaz de terminar un libro. 

2) Terminaría el libro. Sin importar lo malo que yo pensara que fuera. No me detendría y abandonaría tanto esfuerzo. Necesitaba saber que abarcaba; en términos de disciplina diaria, compromiso mental, etc., escribir una novela. (Había escrito extensas publicaciones anteriormente: una tesis doctoral de 400 hojas titulada "Selección de lugar de anidamiento de las Urracas, Gymnorhinus cyanocephalus" ( o como dice mi esposo "Por qué las aves construyen sus nidos en el lugar que lo hacen, ¿y a quién le importa de todas maneras?"); una monografía de 800 páginas sobre "Los hábitos alimenticios de las aves del valle del Río Colorado", etc., pero nunca había escrito ficción, excepto por los flojos cuentos para las clases de Inglés. Y

3) Haría lo mejor que pudiera, cada día, con la escritura. A pesar de que se tratara de un libro de práctica que nunca le mostraría a nadie, no importaba. Si no daba lo mejor de mí, ¿cómo sabría si era buena en ello? y aún más importante, ¿cómo podría mejorar?

(En este sentido, tenía algunas pruebas para seguir adelante. Había sido una gran lectora durante toda mi vida, y había notado que en la mayoría de los casos, si bien disfrutaba de todos los libros de un autor, incluído el primero, los libros se volvían muchísimo mejor mientras más escribía el autor. Así es que concluí, con perfecta lógica, que escribir era como bailar ballet o tocar el piano; si practicas, te vuelves mucho mejor en lo que haces. Tampoco me equivoqué en eso).

Así es que, el libro que escribí como "práctica" era "Outlander"; y aquí estamos, 26 años y casi 14 libros después. Solo quería reconocer el papel del Foro y mis amigos allí, en ese proceso. 

¿Cómo fue que ocurrió, ya que había decidido no contarle a nadie que estaba escribiendo una novela? Bien, me mantuve firme en mi decisión (ni siquiera le dije a mi esposo), pero luego de seis meses, me conectaba de a ratos, durante la noche, leyendo mensajes y publicando respuestas; y descubrí que estaba metida en una discusión con un señor (llamado Bill Garland, Q.E.P.D.) sobre qué se siente estar embarazada. .

"Oh, yo se lo que se siente" , me aseguró Bill. "Mi esposa tuvo 3 hijos."

"Sí, claro" le dije. "Yo tuve tres hijos, amigo".

Y me pidió que le describiera como era. 

En lugar de tratar de meter esa descripción en un espacio de 30 líneas, le dije: "Te diré algo, tengo esta parte escrita, en la cual una jóven mujer le describe a su hermano qué se siente estar embarazada. Lo pondré en la biblioteca de datos para tí."

Y, con las manos temblorosas y el corazón latiéndome como loco, publiqué una pequeña parte (3 o 4 páginas, creo recordar), del libro que había titulado "Cross Stitch". (NdT: éste es el título de Outlander para el Reino Unido y Nueva Zelanda). ¡Y a la gente le gustó! Comentaron sobre el mismo. ¡Querían saber más!

Aparte de los momentos de intimidad asociados con mi marido y el nacimiento de mis hijos, esta fue la experiencia más fervorosa que haya tenido. Y así es que, aún con manos temblorosas cada vez que publicaba algo; de a poco fuí colocando más.

Ahora, yo no escribo con un esquema, ni tampoco en línea recta, así es que las partes que publicaba no eran capítulos, tampoco eran contínuos, y generalmente no estaban conectados a nada más. Pero sí tenían los mismos personajes , y la gente estaba encantada con ellos.

Había, y hay, mucha gente amable y alentadora dentro del Foro. Algunos todavía siguen allí: Alex, Margaret, Janet, Marte...y muchos que hoy no están, como Karen Pershing y John Kruszka (Q.E.P.D.), Mac Beckett, Michael Lee West, y Jerry O'Neill, a quien considero mi primer fan, siempre ahí para leer lo que publicaba y decirme las cosas más maravillosas al respecto, una de las personas más amables que he conocido. 

Durante el transcurso del año que siguió, ellos continuaron incitándome . Hacían preguntas, comentarios*, y me instaron, eventualmente, a tratar de publicar "Esta Cosa" (comenzó como una perfecta y sencilla novela histórica, pero luego "Ocurrieron Cosas", y con el tema de los viajes en el tiempo y el monstruo del Lago Ness, ni yo tenía idea de lo que era).

*(Sólo como aclaración, no eran críticas, sólo comentarios con interés. Nunca he tenido un grupo de 'crítica', ni lo tendré. No tengo nada en contra de ellos, solo que no funciono de esa manera. Mas allá de todo, jamás pondría algo a la vista del público si no creyera que esta listo para ser leído). 

Algunas de estas personas eran autores con libros publicados, y muy amablemente compartieron sus propias historias, consejos acerca de agentes literarios y el proceso de publicación (¡gracias, Mike Resnick y Judy McNaught!), John Stith, quien me presentó a su propio agente, el cual me aceptó, sin tener la novela terminada. Y...la terminé, ante los aplausos del Foro. Un par de semanas más tarde, mi agente logró venderla, como parte de un contrato por 3 libros a Delacorte y ¡bing!, me convertí en una escritora.

No estoy diciendo que nunca hubiera escrito el libro sin ustedes, ¡pero caramba, cómo me ayudaron!

¡Gracias!

Diana.»

Si desean saber qué hizo que Diana eligiera Escocia en el siglo XVIII, y la conexión con "Dr Who", pueden leerlo aquí.