18 de octubre de 2019

#DailyLine (Adelanto) Libro 9: 3 adelantos para entrenamiento

 Fuente/Source: Diana Gabaldon




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(3 Adelantos de VE Y DILE A LAS ABEJAS QUE PARTÍ, Copyright 2019 Diana Gabaldon)

Ian había llegado sigilosamente -como un indio, pensó Rachel- en algún momento pasada la medianoche, agachándose junto a la cama y soplándole en el oído para despertarla, para no asustarla y despertar a Oggy. Ella se había cerciorado rápidamente de esto último, había sacado los pies de la cama y abrazado a su marido.

"Hueles a sangre", susurró. "¿qué has matado?".

"Una bestia", contestó en susurros y ahuecó sus mejillas entre las palmas de sus manos. "Tuve que hacerlo, pero no lo lamento".

Ella asintió sintiendo una piedra en su garganta.

"¿Me acompañas fuera, mo nighean donn? Necesito tu ayuda".

Ella asintió de nuevo y se giró para coger la capa que usaba como bata. Había una sensación de tristeza en él, y algo más que no sabría decir qué era.

Esperaba que no hubiera traído el cuerpo a casa esperando que ella lo ayudara a enterrarlo o esconderlo, fuera lo que fuera, pero solamente había matado algo que él consideraba malvado y quizás se sintió perseguido.

*********

"¿Qué es lo que tu madre le dijo a tu padre sobre esta expedición?" Roger enrolló sus pantalones hasta la mitad del muslo, mirando las ruedas de la carreta cuyo borde sobresalía por la mitad de un pequeño arroyo.

"Es demasiado profundo", dijo Brianna frunciendo el ceño ante el agua marrón. "Sería mejor que te quitaras los pantalones. Y quizás también tu camisa".

"¿Eso es lo que dijo? Aunque estaba en lo cierto sobre que es demasiado profundo..."

Brianna emitió un pequeño y divertido soplido. Él se había quitado los zapatos, los calcetines, la chaqueta, chaleco y pañuelo, y parecía un hombre dispuesto a batirse en duelo.

"La buena noticia es que con una corriente como esta, no cogerás sanguijuelas. Lo que ella dijo -o lo que ella dijo que dijo, que es lo mismo- es: "¿me estás diciendo que quieres convertir a un respetable ministro presbiteriano en un traficante de armas- y mandarlo con un carruaje lleno de oro de dudosa procedencia para comprar un cargamento de armas, en compañía de tu nieto de once años?""

"Sí, esa es la parte. Esperaba que fuera más divertida..." A regañadientes se quitó los pantalones, y los tiró junto a los zapatos y los calcetines. "Quizás no debería haberte traído a tí y a los niños. Germain y yo habríamos vivido una gran aventura solos".


***********

Me preguntaba cómo Roger propuso seguir el acto del Capitán Cunningham. La congregación se dispersaba bajo los árboles para refrescarse, pero cada grupo por el que pasaba discutía sobre lo que el Capitán había dicho, con gran excitación y absorción. El hechizo de su historia permaneció conmigo- un sentimiento de asombro y esperanza.

Bree parecía que también se lo preguntaba; la vi con Roger, a la sombra de un gran olmo, en estrecha discusión. Él sacudía la cabeza, sonreía y tiró de su gorra. Ella se había vestido como la modesta esposa de un ministro, y se alisó la falda y el corpiño.
"Dos meses, y volverá a los pantalones", dijo Jamie siguiendo la dirección de mi mirada.

"¿Qué probabilidades?" pregunté.

"Tres a uno. ¿Quieres apostar, sassenach?"

"¿Apostando un Domingo? Irás directo al infierno, Jamie Fraser".

"No me importa. Tú estarás allí antes que yo. Además preguntándome por probabilidades... Aparte de ir a misa tres veces al día al menos te quita un par de días de purgatorio".

Asentí.

"¿Preparado para el segundo asalto?"

Roger besó a Brianna y salió de la sombra a La Luz del día, alto, oscuro y atractivo con su mejor y único traje negro. Se dirigió a nosotros con Bree en sus talones, y vi a algunas personas en los grupos cercanos darse cuenta, y comenzaron a guardar trozos de pan, queso y cerveza, retirarse detrás de los arbustos para un momento en privado, para adecentar a los niños que se habían desmadrado.

Saludé a Roger cuando nos alcanzó.

"¿Listo?"

"Gerónimo", respondió brevemente y cuadrándose los hombros visiblemente se giró para encontrarse con su rebaño y hacer que entraran.


Muchas gracias a Elizabeth Lutz Kelly, que tomó esta adorable foto de abeja, y a su madre Jan Lutz que me la envió.







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