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10 de julio de 2016

Diana Gabaldon explica por qué omitieron la escena más esperada [SPOILERS]

Fuente/Source: Diana Gabaldon



SPOILERS EP213 DRAGONFLY IN AMBER/ATRAPADA EN EL TIEMPO


«Márcame...o, tú sabes...no lo hagas...

Pensé en publicar estas partes de Atrapada en el Tiempo antes de que se emitiera el final de la segunda temporada de la serie de televisión, y advertirles que ellos no lo harían de esa manera, no vaya a ser cuestión que el averiguar que este pequeño trozo había sido omitido les pudiera causar a algunos de ustedes (ustedes sabes quienes son...) cierto enojo y por lo tanto se perdieran de la verdadera belleza e intensidad de la despedida de Jamie y Claire.

Pero luego decidí que no debía hacerlo; no solo sería un spoiler, sino que irritaría 'a priori' a algunas personas, y no solo arruinaría la sorpresa para ellos, también causaría muchas idas y venidas y agitación general que no creo hubieran sido de ayuda para nadie que se adentra en lo que es realmente un final espectacular.

Pero quería mostrarles el original, por dos razones: como consuelo para los fans de los libros, y como un pequeño obsequio para aquellos que solo siguen la serie de tv.

(Por cierto...uno de los guionistas conversó conmigo antes de una entrevista en Los Angeles y me dijo: 'No haremos lo de los cortes con las iniciales en sus dedos, pero te encantará lo que hemos hecho en su lugar.' No respondí nada (estaba en shock) pero la expresión en mi rostro le debió haber indicado que no estaba muy alegre con esto. Me recompuse y pregunté con calma qué era, para que me contestaran solamente que Claire daría a Jamie el trozo de ámbar con la libélula, antes de pasar a través de las piedras.

No voy a hacer un recuento de la totalidad de mis comentarios a Ron y Maril luego de esta conversación, pero recuerdo haber dicho: 'Hay una tremenda distancia emocional entre 'te amo tan apasionadamente que quiero que derrames mi sangre y me dejes una marca para siempre y de esa manera recordar tu caricia' y 'Aquí tienes, querido, toma el regalo de bodas más horrible del mundo para que me recuerdes en estos 45 minutos antes de morir'.

Ellos admitieron la verdad esencial de esto (cof, cof), pero insistieron en que no podían rodar lo de los cortes en los dedos porque sería muy complicado (tuvieron todas clase de problemas durante los votos de sangre en 'La Boda', y veían la sangre correr por todos lados y el desastre que sería para los vestuarios, los cuales deben durar para varias tomas) y llevaría demasiado tiempo e interrumpiría en el ritmo de la escena.

Y a pesar de mi desacuerdo, seguramente tenían razón...PERO IGUAL. Lo único que pude hacer fue obtener una promesa de que hablarían con utilería para que hicieran un nuevo trozo de ámbar, que no luciera como un trozo roto del transformador de un poste de teléfono.

De todos modos... ¡Aquí tienen!

#DailyLines #AtrapadaEnEltiempo #MarkMe

Me invadió una angustia tan intensa que debí de hacer algún ruido; Jamie abrió los ojos. Sonrió al verme y me escrutó el rostro. Supe que estaba memorizando mis rasgos, como yo los suyos.

—Jamie —dije. Mi voz era ronca por el sueño y las lágrimas—. Jamie, quiero que me marques.

—¿Qué? —dijo, sobresaltado.

Tenía el pequeño sgian dhu que llevaba en la media al alcance de mi mano. Cogí la empuñadura de hueso de jabalí tallado y le entregué el arma.

—Córtame —le ordené—. Profundamente, para que dejes una cicatriz. Quiero llevar tu tacto
conmigo, siempre, y tenerte cada vez que la toque. No me importa si es doloroso; nada puede
dolerme más que dejarte. Por lo menos, cuando la toque, dondequiera que esté, podré sentir tu caricia sobre mí.

Apoyó su mano sobre la mía, que se apoyaba sobre la empuñadura del cuchillo. Un momento
después, la apretó y asintió. Vaciló un momento, cogió el afilado cuchillo y le ofrecí mi mano
derecha. Estaba cálida por haber estado bajo nuestra ropa, pero su aliento ascendió en volutas visibles en el aire frío de la habitación.

Puso la palma hacia arriba, examinándola con cuidado, y se la llevó a los labios. Me dio un suave beso en la palma y mordió la base del pulgar con fuerza. Lo soltó y cortó con el arma la piel entumecida. Sentí como una suave quemadura, pero la sangre empezó a manar de inmediato. Volvió a llevarse mi mano a la boca hasta que la sangre disminuyó. Con cuidado, vendó la herida, ahora punzante, con su pañuelo. Vi que el corte tenía la forma de la letra «J».
Levanté la mirada y vi que me extendía el pequeño cuchillo. Lo tomé y, algo vacilante, acepté la mano que me ofrecía.

Cerró los ojos un instante y apretó los labios, pero se le escapó un pequeño gruñido de dolor
cuando apreté la punta del cuchillo en la base carnosa del pulgar. Una quiromante me había dicho que era el Monte de Venus; el indicador de la pasión y el amor.

Cuando acabé de hacer la pequeña incisión semicircular me di cuenta de que me había dado su mano izquierda.

—Debí haberlo hecho en la otra —dije—. Te lastimarás con la empuñadura de la espada.

Sonrió levemente.

—No podría pedir más que sentir tu caricia en mi última pelea, dondequiera que ésta sea.

Desenvolví el pañuelo bañado en sangre y apreté mi mano herida contra la suya, entrelazando los dedos. Sentí entre nuestras manos la sangre cálida y resbaladiza que todavía no se tornaba pegajosa.

—Sangre de mi sangre... —murmuré.

—... y carne de mi carne —respondió con suavidad. Ninguno de los dos pudo terminar el voto:
«hasta que la muerte nos separe», pero las palabras no pronunciadas pendieron, dolorosas, entre los dos. Por fin sonrió con ironía.

—Más que eso —dijo con firmeza, y me atrajo hacia él una vez más.

 * * * * * * *

—Frank —dijo por fin, con un suspiro—. Bueno, tú verás lo que le cuentas de mí. Es probable que no quiera oír nada. Pero si lo hace, si descubres que puedes hablarle de mí, como me has hablado de él, entonces dile... que estoy agradecido. Dile que confío en él, porque no me queda otro remedio. Y dile... —Sus manos apretaron súbitamente mis brazos, y habló con una mezcla de hilaridad y absoluta sinceridad—. ¡Dile que lo odio con todo mi corazón y con cada poro de mi cuerpo!

Estábamos vestidos y el amanecer se había convertido en día. No teníamos comida, nada con que desayunar. Nada más que hacer... y nada más que decir.

Tendríamos que despedirnos para que él llegara a tiempo al páramo de Drumossie. Era nuestra última despedida, y no encontrábamos la forma de decirnos adiós.

Por fin sonrió, se inclinó y me besó en los labios.

—Decían... —comenzó a decir, y se detuvo para aclararse la garganta— En otro tiempo decían que, cuando un hombre debía partir para hacer algo importante, buscaba a una mujer sabia y le pedía que lo bendijera. Él se detenía en la dirección a la que se dirigía, y ella se acercaba por detrás para rezar una oración por él. Cuando ella terminaba, él echaba a andar sin mirar atrás, porque de lo contrario tendría mala suerte en su empresa.

Me tocó la cara una vez y se volvió hacia la puerta abierta. El sol de la mañana entraba a raudales, iluminando su cabello como si fueran llamaradas. Enderezó los hombros, anchos bajo su capa, e inspiró hondo.

—Bendíceme, mujer sabia —me dijo—, y vete.

Puse una mano sobre su hombro, buscando las palabras adecuadas. Jenny me había enseñado unas antiguas plegarias celtas de protección. Traté de recordar alguna.

—Jesús, hijo de María —empecé—. Invoco tu nombre y, en el nombre adorado de Juan Apóstol y en el nombre de los santos, te pido que lo protejas en la batalla que viene...
Me detuve, interrumpida por un sonido procedente de la colina. Había ruido de voces y de pasos.

Jamie se quedó helado por un momento, luego se dio la vuelta y me empujó hacia la parte
posterior de la choza, donde se había derrumbado la pared.

—¡Por ahí! —dijo—. Son ingleses. ¡Corre, Claire!

Corrí hacia el hueco de la pared con el corazón en la garganta, y vi que él se dirigía a la puerta,
espada en mano. Me detuve un momento para verlo por última vez. Él volvió la cabeza, me miró, corrió a mi lado y me apretó contra la pared, en la agonía de la desesperación. Me acercó a su cuerpo con furor. Sentí su erección contra el vientre y la empuñadura de su daga que se me clavaba en el cuerpo.

Habló con voz ronca contra mi pelo.

—¡Debo hacerlo una vez más! ¡Pero rápido!

Me empujó contra la pared y levantó mi falda y la suya. No fue amor, sino un acto rápido y furioso, que terminó en segundos. Las voces se acercaban; estarían a cien metros.

Me volvió a besar y me dejó en la boca el sabor de su sangre.

—Llámalo Brian —me dijo—, por mi padre.

Me empujó hacia el agujero de la pared. Corrí, pero me giré para verlo parado en medio del
vano de la puerta, con la espada en una mano y el puñal en la otra.

Los ingleses, que no sabían que la cabaña estaba ocupada, no pensaron en enviar un guía a la parte trasera. La ladera detrás de la choza estaba desierta. Corrí hasta el refugio de un bosquecillo de alisos que había bajo la cima de la colina.

Me abrí paso entre el matorral y las ramas de los árboles, tropezando contra las rocas, cegada
por las lágrimas. A mis espaldas alcanzaba a oír gritos y el ruido de armas que entrechocaban en la choza. Mis muslos estaban pegajosos y húmedos del semen de Jamie. Me parecía que la cima de la colina nunca se acercaría; ¿iba a pasarme el resto de mi vida abriéndome paso a través de árboles?

Oí un crujido en el matorral a mis espaldas. Alguien me había visto salir corriendo de la cabaña.

Me sequé las lágrimas y trepé a cuatro patas cuando el terreno se hizo más empinado.

Aquello era un claro: era la plataforma de granito que recordaba. Allí estaba el cornejo que sobresalía del risco, y también el montón de rocas pequeñas.

Me detuve en el borde del círculo de piedras y miré hacia abajo, tratando de ver lo que pasaba.

¿Cuántos soldados habrían llegado hasta la choza? ¿Habría podido Jamie huir de ellos y alcanzar su caballo? Sin él, jamás llegaría a tiempo a Culloden.

De repente vi un destello tras un matorral: un soldado inglés. Me volví, atravesé jadeando el
círculo de hierba y me arrojé a través de la hendidura de la roca.»

Atrapada en el Tiempo, capítulo 46:  Timor mortis conturbat me

14 de junio de 2016

Ron D. Moore, productor ejecutivo de Outlander: La serie inevitablemente se alejará de los libros.




Fuente/Source: RadioTimes


La literatura y la televisión son dos maneras diferentes de contar historias -pero cuando los fans son completamente devotos de la historia en papel, muy a menudo se disgustan cuando los contenidos son alterados o cambiados de cualquier manera al ser adaptados a la televisión. 

Los fans de Outlander, en su mayoría, están bastante contentos con la manera en que la saga de Diana Gabaldon ha sido trasladada a la pequeña pantalla, ¿pero cómo se sentirán si en el futuro la serie se desvía del material original?

"Nuestro objetivo sigue siendo tratar y mantenernos tan fieles a los libros como sea posible. Esa es la manera en que comenzamos este proyecto," dijo Ron Moore, el creador de la serie, a Bustle. 

"Creo que mientras más temporadas tengamos, más nos alejaremos, inevitablemente, del libro y de ciertas tramas que han tomado vida propia. Ciertos personajes cambian, y debes seguir este cambio," explica Moore.

"Rupert y Angus ni siquiera eran realmente un duo en los libros, eso es parte de la historia de la serie de televisión. Será siempre diferente al libro. Nuestra versión de Frank es distinta a la versión del libro. Estos cambios se acumulan, y a medida que avanzas en las temporadas, esta separación se vuelve más grande."

Moore, que aún está conmocionado por la renovación de no una, sino DOS temporadas más de Outlander, también reveló que se viene una gran desviación de la historia de Diana Gabaldon, al final de la segunda temporada.

"Sin duda, en el episodio final, hay una historia que no se encuentra en los libros, pero se mueve alrededor de uno de los personajes que sí aparece en ellos," dijo. "Expandimos y profundizamos eso, porque sentimos que era una buena oportunidad para hacerlo, fue muy divertido."

6 de junio de 2016

Final de la T2 de Outlander: Llega el futuro en un episodio extendido


Es un pequeño paso para Claire, y un salto gigante para regresar al material fuente en el mundo de Outlander.

SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

Si no leyeron hasta el segundo libro de la saga Outlander, les recomendamos que dejen de leer aquí mismo. Es un spoiler muy grande del final del libro.


El momento que los fans de las novelas de Diana Gabaldon han estado esperando -la presentación de Brianna y Roger- se dará en el el episodio final de Outlander, de 90 minutos de duración, anunció Starz este lunes.

El final de temporada del 9 de Julio dará un salto en el tiempo hacia 1968, mientras Claire visita Escocia con su hija de 20 años (Sophie Skelton). Allí, ambas conocerán a Roger Wakefield adulto (interpretado por Richard Rankin) -hasta ahora conocido como el pequeño niño que deambula por la mansión del reverendo Wakefield en la década de 1940 -y Claire visitará lugares de su pasado, en un intento por hacer las pases con lo que ha ocurrido.

Finalmente, Claire revelará la verdad sobre la paternidad de su hija (como saben los seguidores de la saga de libros, ella es hija de Jamie), mientras que las revelaciones que ocurren en los 1960s se intercalan con escenas del día de la batalla de Culloden. De acuerdo a la sinopsis oficial: "Cuando los últimos intentos desesperados de Jamie para disuadir al príncipe fracasan, él y Claire acuerdan un plan peligroso -que Dougal alcanza a oír, lo cual incita en él una furia asesina. Jamie deberá hacer todo lo que esté a su alcance para proteger a las personas que ama, aún cuando signifique que deba despedirse de alguien (o de todos)."

"Atrapada en el Tiempo", el libro en el cuál está basada la segunda temporada, toma el viaje de Claire y Bree a Escocia -y la revelación que allí tiene lugar- y lo usa como un recurso para enmarcar la historia de la experiencia de los Frasers tratando de evitar el alzamiento jacobita. El productor ejecutivo Ron D. Moore eligió contar la historia de manera más directa. 

Fuente/Source: TV Line