13 de enero de 2015

Mito y cumpleaños de montaña, por Diana Gabaldon

Con motivo de su cumpleaños (11 de Enero), Diana reprodujo este texto que escribió en 1999 sobre su nacimiento y sus orígenes. Es realmente maravilloso, así que me he tomado la libertad de traducirlo para ustedes. Ojalá lo disfruten tanto como yo.
Nota original: Diana Gabaldon 
Traducción: Verónica Rojas Casale.

Mito y cumpleaños de montaña

Mi cumpleaños siempre fue el día más frío del año. Aunque no es literalmente cierto, esa era la leyenda familiar y todo el mundo sabe que el mito es mucho más fuerte que la meteorología, incluso en el país del norte, donde la nieve se extiende profundamente en las cimas de las montañas y las casas se construyen para mantener el calor dentro, no fuera.
Esta leyenda en particular tuvo su orígen –bastante razonable– en la fecha de mi nacimiento, el 11 de enero de 1952. Mi familia vivía en Flagstaff (Arizona, Estados Unidos), pero el doctor de la familia había tenido una diferencia de opinión con la junta del hospital y había mudado su consulta al Hospital Williams. Entonces, cuando mi madre comenzó con trabajo de parto, temprano en la mañana, mis padres de 21 años de edad se vieron obligados a conducir treinta millas sobre un camino de dos carriles, resbaladizo por el hielo, a través de las fauces de una tormenta de nieve, con el fin de llegar al médico.
Cuando finalmente yo nací, justo al oscurecer, mi padre estaba tan perturbado por toda la experiencia que salió a un restaurante cercano y pidió jamón y huevos para cenar, olvidando que era viernes (era tiempo atrás, cuando los católicos no comían carne los viernes). Manejando las 30 millas de regreso a casa a través de la nieve y el hielo negro, él se salió de la carretera en dos ocasiones, se quedó atascado en unos cúmulos de nieve y, como él contaba después, había logrado liberarse solo porque no podía soportar la idea de morir congelado, dejando a mi madre con una bebé de un día.
A la edad de dos días, yo también hice el peligroso viaje a través de los oscuros pinos del paisaje helado, para convertirme en una nativa de tercera generación de Flagstaff. No hay muchos de nosotros, aunque solo sea porque Flagstaff no es tan viejo.
Entre los primeros fundadores de la ciudad están mis bisabuelos. Stanley Sykes nació en Yorkshire, Inglaterra, pero a la edad de quince años fue diagnosticado con tuberculosis. La única posibilidad, le dijo su médico, era salir de Inglaterra, ir a Arizona, donde el aire cálido y seco era bueno para los pulmones (bueno, era 1868, después de todo; los del medio oeste no habían llegado hasta aquí con sus malditas moras y su césped* todavía). Stanley hizo caso a este consejo y, con su hermano mayor Godfrey, zarpó hacia el Nuevo Mundo y el bálsamo curativo del aire del desierto.
*NT: En el original dice 'bermuda grass', que traducido literalmente es 'hierba bermuda', aunque se refiere a la especie Cynodon dactylon, que en español es la grama común o césped.

Picos de San Francisco, vistos desde Arizona.
Como muchos otros forasteros -mi marido, por ejemplo- que pensaban que Arizona era un desierto, Stanley se sorprendió al encontrar que el tercio norte del estado se asienta sobre la Meseta de Colorado y que los Picos de San Francisco están cubiertos con el bosque más grande de pino ponderosa en el mundo. En busca del desierto, Godfrey fue hacia el sur... pero Stanley se quedó, seducido por la fuerza del viento entre los pinos y el cielo oscuro y despejado de las noches en la montaña, cuajado de estrellas.
Mi bisabuela, Beatrice Belle Switzer, vino de Kentucky, junto con sus siete hermanos y hermanas, cuando la granja de la familia se inundó. Debe haber sido una inundación de proporciones bíblicas porque una vez que los Switzers comenzaron a moverse, no se detuvieron hasta que llegaron a Flagstaff, que -a 2134 metros- consideraron que era terreno lo suficientemente elevado como para estar seguros.
El aire en Flagstaff puede no haber sido caliente, pero fue lo suficientemente seco, ya que Stanley vivió hasta los 92 años, muriendo finalmente en unas vacaciones en San Diego (esa niebla te atrapará todo el tiempo). Yo tenía cuatro años cuando murió y todavía tengo un vivo recuerdo de él en su sillón, el humo de su pipa a la deriva en la luz de la lámpara o cuando él me enseñó el delicado arte de la construcción de casas de naipes, una habilidad que me ha servido mucho desde entonces.
Su hijo, Harold - mi abuelo- se convirtió en alcalde de Flagstaff y de esa manera se cuelga otra historia familiar.
Fue un escándalo, de hecho o por lo que todo el mundo decía, cuando mi madre Jacqueline Sykes, la hija del alcalde, descendiente de una de las primeras familias de Flagstaff, se enamoró de Antonio Gabaldon. Tony era inteligente, guapo, atlético, trabajador y un mexicano-americano, nacido en Belén, Nuevo México. En 1949, en una pequeña ciudad de Arizona, esto era mestizaje*, o eso decía todo el mundo.
*NT: En el original, la palabra es 'miscegenation', que traduce como 'mestizaje', básicamente referido a matrimonio interracial o relaciones sexuales interraciales, que en algunos estados de USA era un delito hasta los años 70.
Los amigos de mi madre lo dijeron. La Sra. X, su profesora de Inglés, así lo dijo, asegurándole firmemente que ella no podía casarse con un mexicano: sus hijos serían idiotas. El sacerdote de la parroquia que se negó a casarlos así lo dijo: tal matrimonio no duraría. Las "partes interesadas" que hicieron una petición pública contra la pareja lo dijeron, era un escándalo. Sus padres lo dijeron, por lo que al final ella fue convencida y de mala gana rompió el compromiso.
Los padres de mi madre la enviaron a sur, a la Universidad de Arizona en Tucson, para dejar el escándalo atrás, para olvidar. Pero ella no se olvidó y seis meses más tarde, en una oscura noche de diciembre, ella llamó a Tony y le dijo: "Todavía te quiero. Si tú aún me quieres, ven a buscarme".
Él condujo desde la montaña cubierta de nieve hasta el desierto, la trajo de regreso la misma noche y se casaron a las 6:30 de la mañana siguiente, con un sacerdote de otra parroquia.
Fue un largo y feliz matrimonio -disuelto solo por la muerte- y 13 meses después de la boda, llegué yo, la tercera generación nacida en la montaña.

Nosotros (y la cuarta generación) vivimos en Scottsdale, pero todavía mantengo la casa de la familia en Flagstaff y me escapo allí con regularidad para escribir; para mí, el clima ideal para la escritura implica una reluciente reja de carámbanos para mantener alejados a los intrusos, suaves montones blancos sobre los pinos y las aceras, y el sonido amortiguado de los autos en la distancia, aplastando cenizas en la resbaladiza nieve compacta, como trabajando cuesta arriba. No hay sal en estas carreteras; los Picos de San Francisco son en realidad una montaña, los restos de un volcán extinto -o por lo menos esperamos que esté extinguido, el Servicio Geológico de EE.UU. no está tan seguro-.
Hacen 22°C en este día de Navidad y los perros están nadando en la piscina. Mi marido me regala pantuflas calentitas, sin embargo, sabiendo que voy a necesitarlas pronto. Mi cumpleaños, después de todo, es siempre el día más frío del año.
(¡Ah! ¿Sra. X? Usted estaba equivocada).

Arizona Diary Essay (Copyright © 1999 por Diana Gabaldon. Todos los derechos reservados).

Diana también adjuntó a esta publicación (en su página de Facebook) una fotografía en la que aparece ella en el Domo Clarke, del Observatorio de Arizona, construído por su bisabuelo y el hermano de este.

3 comentarios:

  1. Me encantó la historia! Morí de amor con 'Todavía te quiero. Si aún me quieres, ven a buscarme." <3

    Gracias por la traducción!

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  2. Que historia tan bonita!!!!!!!!!! Gracias por traducirla. No me extraña que luego escriba lo que escribe con esos antecedentes en su familia. Me encanta

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  3. Gracias por la traducción ! ¿ Cómo alguien podía pensar que los hijos iban a salir idiotas ? madre mía !!! Me encantó leer la historia.

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