19 de febrero de 2016

#DailyLine Libro 9 (ADELANTO): Problemas de la Nobleza.

Fuente/Source: Diana Gabaldon


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"¿Echas de menos Inglaterra?" preguntó Hal de forma abrupta.

"A veces" contestó honestamente William. "Pero no pienso demasiado en ello," añadió de forma menos honesta. "Yo sí." El rostro de su tío parecía relajado, casi pensativo bajo la luz que se desvanecía. "Tu no tienes una esposa allí, ni hijos. Todavía nada a tu cuenta."

"No."

Los sonidos del campamento eran todavía audibles, pero se silenciaban con el ritmo de las olas a sus pies, y el paso de las nubes silenciosas sobre sus cabezas.

El problema del silencio era que permitía que los pensamientos tomaran una insistencia tediosa en su cabeza, como el tic-tac de un reloj en una habitación vacía. La compañía de Cinammon, a pesar de tornarse molesta en ocasiones, le había permitido escapar de ellos cuando lo necesitaba.
"¿Cómo hace alguien para renunciar a un título?"

No había tenido intención de preguntar lo que acababa de decir, y se sorprendió de escuchar las palabras que emergieron de su boca. Como contraste, el tío Hal no pareció sorprenderse en absoluto.

"No puedes."

William miró hacia abajo hacia su tío, el cual todavía miraba imperturbable en dirección al mar, con el viento que le sacaba mechones oscuros de su coleta.

"¿Qué quieres decir con que no puedo? ¿A quién le importa si renuncio a mi título o no?"

El tío Hal le miró con una impaciencia cariñosa.

"No hablo de forma retórica, alcornoque. Lo digo literalmente. Tú no puedes renunciar a tu dignidad noble. No hay medios establecidos en la ley o la costumbre, ergo, no se puede hacer."

"Pero tú...." William se detuvo frustrado.

"No, no lo hice" dijo su tío secamente. "Si hubiera podido hacerlo entonces, lo hubiera hecho, pero no pude, por lo tanto no lo hice. Lo máximo que pude hacer fue dejar de utilizar el título de duque, y amenazar con mutilar a cualquiera que lo utilizara refieriéndose a mí. Me llevó varios años dejar claro que lo haría," añadió con brusquedad.

"¿De verdad?" preguntó William de forma cínica. "¿A quién mutilaste?"

Había supuesto que su tío hablaba de forma retórica, y le tomó desprevenido cuando el único y presente duque frunció el ceño en el esfuerzo de recordar.

"Oh.... varios escritorzuelos, son como cucarachas, ya sabes; aplastas una y el resto salen corriendo a las sombras, pero en cuanto te giras hay una multitud de ellas de nuevamente de regreso, dándose un festín con tu cadáver y esparciendo suciedad sobre tu vida.

"¿Alguien te ha dicho que tienes facilidad de palabra, tío?"

"Sí," dijo su tío de forma escueta. "Pero más allá de golpear unos cuantos periodistas, reté a George Washcourt -es el Marqués de Clermont ahora, pero entonces no lo era- Herbert Williers, Vizconde Brunton, y a un caballero llamado Radcliffe. Oh, y al Coronel Phillips, del 34-Primo del Conde Wallenberg"

"¿A duelo, quieres decir? ¿Y luchaste con todos ellos?"

"Así es. Bueno, no con Villiers, porque cogió un resfriado en el hígado y murió antes de que pudiera, pero por otra parte..... bueno eso no viene al caso." Hal se contuvo y sacudió la cabeza para aclarársela. Anochecía y la brisa marina era fresca. Se envolvió el cuerpo con su abrigo y señaló con la cabeza hacia la ciudad.

"Vamos, está subiendo la marea y ceno con Sir Henry en media hora."



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