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5 de diciembre de 2018

Terry Dresbach: Sobre el “aterrador” reto de diseñar los vestuarios de los nativos americanos en esta temporada.

Traducción: Rosana Ardanaz Arranz


“Teníamos la obligación de hacerlo bien”.

No es un secreto que Hollywood tiene muy mala reputación por su forma de representar a los indígenas americanos en el cine y la televisión, y las imágenes estereotipadas siguen existiendo incluso en la actualidad.

Es a causa de esta falta de respeto por lo que la diseñadora de vestuario de Outlander, Terry Dresbach, se sintió obligada a recrear el vestuario de los personajes pertenecientes a la Nación Cheroqui y Mohawk lo más auténticamente posible.

“Fue una responsabilidad enorme. ¡Y yo sabía que teníamos la obligación de hacerlo bien!, me dijo por teléfono. “Hollywood tiene un pobre historial en este tema, y yo quería corregirlo. Quería hacerlo bien, y se lo dejé bien claro desde el primer día a los que trabajaban conmigo. Les dije: “vamos a hacer esto bien, vamos a hacerlo lo más ajustado a la realidad posible”.

Pero esa misión resultó ser más difícil de lo que había pensado.

“Empecé a investigar, y me entraron ganas de vomitar, porque hay tan poca información…” admitió.

Dresbach cuenta que su equipo “consultó con todas las personas que pudo”, y que ella misma pasó todo un año investigando antes de diseñar los ropajes de los indígenas americanos en esta temporada, lo más complicado que había hecho en todo lo relacionado con la serie. Pero que aun así, le quedaron preguntas sin responder.

Durante su investigación, habló con alguien en el Museo Smithsonian del Indio Americano, que confirmó que, tristemente, algunos detalles son imposibles de averiguar.

“Al final simplemente dijo: ‘¿Sabes qué? La verdad es que no lo sabemos. La poca información que había se quemó del todo en las bibliotecas durante la Guerra Civil’. Me dio un vuelco al corazón, todavía lo recuerdo” dijo Dresbach.

“Hay tan poca información porque estamos hablando de genocidio, y también de genocidio cultural”.

Dresbach concibe el diseño de estos trajes como si fuera un rompecabezas de investigación histórica, aunque sea uno al que al final le falten piezas.

“En un momento dado casi tienes que intentar meterte dentro de esas personas y preguntarte: bueno, vale, ¿qué temperatura hace? ¿Cuál es el clima, por qué haría yo esto? ¿A dónde iría? E intentar suponer como se pueden rellenar esas piezas ausentes”, explicó.

“Y eso es algo terrorífico para una mujer blanca como yo, y me daba un miedo terrible hacerlo mal”.

Es aún demasiado pronto para juzgar la reacción colectiva del público a su trabajo. Pero el productor ejecutivo Matthew B. Roberts confía en su esfuerzo. “Cada departamento, desde diseño de producción, hasta vestuario, peluquería y maquillaje, lleva a cabo una ingente labor de investigación para asegurarnos de que creamos un mundo que se siente acorde con su tiempo y lugar”, dice Roberts.

Y Dresbach dice que a los actores de las Primeras Naciones les encantaron sus trajes. (Según la productora ejecutiva Maril Davis, les hubiera gustado utilizar actores nativo-americanos de los EEUU, pero no era posible, a causa de las reglas de la Profesión de Actores. En su lugar, trajeron otros procedentes de Canadá).

“Esa es tu audiencia más exigente, y es a ellos y sus  tradiciones a quienes quieres respetar y honrar “, dice.

“Creo que el vestuario es muy real; Ron Moore (director de Outlander y marido de Dresbach) siempre me decía: ‘La gente tiene que sentir que lo que están viendo es la verdad, y cómo lo consigues no es importante’. Creo que lo conseguimos”.

Los diseños de la temporada cuatro de Dresbach se exhiben actualmente en SCAD como parte de una exposición llamada “El Nuevo Mundo: Temporada 4 de Outlander”. O, si no puedes viajar a Savannah, conéctate los domingos por la noche a las 8.00 a Starz.
 

10 de diciembre de 2014

Veinticuatro mil botones, por Terry Dresbach.


Por: Terry Dresbach, diseñadora del vestuario de Outlander. Artículo original.

©TerryDresbach        
 Dos mil pares de zapatos.

Hoy estuve haciendo un poco de cuentas mientras trataba de explicar a una amiga lo grande y complicada que es la segunda temporada. Le decía que la mayoría de la gente piensa en términos de atuendos terminados como si estos estuvieran esperando en algún lugar para luego ser asidos por mis colaboradores, o cualquier otro colaborador de otro show, en algún depósito gigante, del tamaño de tres Ikeas juntos. Un depósito mágico, tal vez, donde crecen los atuendos, como los tomates en un invernadero, un abastecimiento infinito.

La empresa de cine y televisión es un lugar mágico y maravilloso, llena de mágicos y maravillosos pensamientos. La magia de verdad ocurre. "¡Hazlo posible!" y ¡poof! aparece. Campanita mueve su varita mágica , y todo aparece en la pantalla. Choca los talones de tus zapatos tres veces, frunce la nariz, esparce un poco de polvo de hadas lo más fuerte que puedas, en los ojos de alguien, y por sobre todo: ¡¡¡CREE CON TODAS TUS FUERZAS!!! ¡El emperador no está desnudo!

De todas maneras, volviendo al problema de las cuentas. Es uno de esos divertidos problemas de palabras.

Si cada traje, levita, chaleco y pantalones, demanda 40 botones, y necesitas confeccionar 600 trajes, ¿cuántos botones necesitas?

Respuesta: 24.000

Aquí va otro.

Si tienes 900 actores extras que necesitan zapatos, pero necesitas dos pares por cada extra, porque el número del calzado no es algo que pueda ser predecido científicamente, ¿cuántos pares de zapatos necesitas?

Respuesta: 1.800 pares de zapatos.

Bien, esas cuentas son simples. Ahora, dirígete a esa fábrica mágica donde crecen los vestuarios y elige 1.800 pares de zapatos. Asegúrate de estar en el lugar correcto, porque no quieres zapatos del siglo XIV, ni del siglo XIX. Necesitas zapatos del siglo XVIII. Y ya que estás allí, pasa por el campo donde crecen los botones en los árboles y recoge esos 24.000 botones de los árboles especializados en el siglo XVIII. 

¡¡¡GRACIAS A DIOS TODO ES GRATIS!!!

Ups. Parece que estás equivocado. El emperador está definitivamente desnudo. No exite una varita mágica, no llevas puestos zapatos mágicos, tu balde de polvo de hadas mágico está vacío y no puedes hacer aparecer las cosas.

No son solo números. También es la física. Clavijas redondas, agujeros cuadrados. Como dice el proverbio, estás entre una roca y un lugar duro. Esos vestuarios no existen, no hay habitaciones con calzado de época esperando a ser recogido; en algún lugar, tienes que encontrar 24.000 botones. Y no son 24.000 botones de cualquier tipo. Son 600 juegos de botones de una medida exacta, y que también tengan un precio que puedas pagar.

¿Los zapatos? Bien, puedes pedir que te los fabriquen, a £250 el par, pero luego no queda dinero suficiente para la vestimenta. El emperador desnudo, otra vez.

Hm, ¿qué es lo que una diseñadora de vestuario y su equipo hacen? Fabrican milagros. Hay un dicho bastante crudo en nuestro mundillo: "déjame masticar un poco de tela, y cagaré un atuendo". Creo que el departamento artístico tiene un dicho similar, pero con madera.

Ahora, si observas todo esto, los botones, el calzado, enaguas, camisolas, camisas, guantes, mitones, bufandas, chales, medias, corsets, delantales, sombreros, cinturones, hebillas, como así también a los vestidos, levitas, chalecos, abrigos, y capas, y aplicas la misma aproximación matemática, te harás una idea de lo que REALMENTE hacemos.

Porque una vez encontrados esos 24.000 botones, hay que coserlos. Y una vez que tú y tu equipo pasen horas interminables durante las noches y los fines de semana buscando en eBay zapatos que se aproximen lo mejor posible al siglo XVIII, debes ajustarlos, colocarles hebillas y arquearlos, para que luzcan como verdaderos zapatos del siglo XVIII, y entonces aparezcan en las cámaras y no provoque que la audiencia se ría de ti.

Fíjate en una vestimenta completa, de adentro hacia afuera, y haz los números. 

Ni siquiera estoy segura de tener permitido decir nada de esto en voz alta. El muchacho que gritó: ¡está desnudo! ¿fue apedreado hasta morir o llevado a prisión?

Pero lo voy a decir, ¡qué diablos! Es lo lindo de los medios sociales. No hay muros, todos somos uno. Todos compartimos, y todos somos parte del proceso.

Y dejemos que se haga la luz entre tanta oscuridad.