10 de diciembre de 2014

Veinticuatro mil botones, por Terry Dresbach.


Por: Terry Dresbach, diseñadora del vestuario de Outlander. Artículo original.

©TerryDresbach        
 Dos mil pares de zapatos.

Hoy estuve haciendo un poco de cuentas mientras trataba de explicar a una amiga lo grande y complicada que es la segunda temporada. Le decía que la mayoría de la gente piensa en términos de atuendos terminados como si estos estuvieran esperando en algún lugar para luego ser asidos por mis colaboradores, o cualquier otro colaborador de otro show, en algún depósito gigante, del tamaño de tres Ikeas juntos. Un depósito mágico, tal vez, donde crecen los atuendos, como los tomates en un invernadero, un abastecimiento infinito.

La empresa de cine y televisión es un lugar mágico y maravilloso, llena de mágicos y maravillosos pensamientos. La magia de verdad ocurre. "¡Hazlo posible!" y ¡poof! aparece. Campanita mueve su varita mágica , y todo aparece en la pantalla. Choca los talones de tus zapatos tres veces, frunce la nariz, esparce un poco de polvo de hadas lo más fuerte que puedas, en los ojos de alguien, y por sobre todo: ¡¡¡CREE CON TODAS TUS FUERZAS!!! ¡El emperador no está desnudo!

De todas maneras, volviendo al problema de las cuentas. Es uno de esos divertidos problemas de palabras.

Si cada traje, levita, chaleco y pantalones, demanda 40 botones, y necesitas confeccionar 600 trajes, ¿cuántos botones necesitas?

Respuesta: 24.000

Aquí va otro.

Si tienes 900 actores extras que necesitan zapatos, pero necesitas dos pares por cada extra, porque el número del calzado no es algo que pueda ser predecido científicamente, ¿cuántos pares de zapatos necesitas?

Respuesta: 1.800 pares de zapatos.

Bien, esas cuentas son simples. Ahora, dirígete a esa fábrica mágica donde crecen los vestuarios y elige 1.800 pares de zapatos. Asegúrate de estar en el lugar correcto, porque no quieres zapatos del siglo XIV, ni del siglo XIX. Necesitas zapatos del siglo XVIII. Y ya que estás allí, pasa por el campo donde crecen los botones en los árboles y recoge esos 24.000 botones de los árboles especializados en el siglo XVIII. 

¡¡¡GRACIAS A DIOS TODO ES GRATIS!!!

Ups. Parece que estás equivocado. El emperador está definitivamente desnudo. No exite una varita mágica, no llevas puestos zapatos mágicos, tu balde de polvo de hadas mágico está vacío y no puedes hacer aparecer las cosas.

No son solo números. También es la física. Clavijas redondas, agujeros cuadrados. Como dice el proverbio, estás entre una roca y un lugar duro. Esos vestuarios no existen, no hay habitaciones con calzado de época esperando a ser recogido; en algún lugar, tienes que encontrar 24.000 botones. Y no son 24.000 botones de cualquier tipo. Son 600 juegos de botones de una medida exacta, y que también tengan un precio que puedas pagar.

¿Los zapatos? Bien, puedes pedir que te los fabriquen, a £250 el par, pero luego no queda dinero suficiente para la vestimenta. El emperador desnudo, otra vez.

Hm, ¿qué es lo que una diseñadora de vestuario y su equipo hacen? Fabrican milagros. Hay un dicho bastante crudo en nuestro mundillo: "déjame masticar un poco de tela, y cagaré un atuendo". Creo que el departamento artístico tiene un dicho similar, pero con madera.

Ahora, si observas todo esto, los botones, el calzado, enaguas, camisolas, camisas, guantes, mitones, bufandas, chales, medias, corsets, delantales, sombreros, cinturones, hebillas, como así también a los vestidos, levitas, chalecos, abrigos, y capas, y aplicas la misma aproximación matemática, te harás una idea de lo que REALMENTE hacemos.

Porque una vez encontrados esos 24.000 botones, hay que coserlos. Y una vez que tú y tu equipo pasen horas interminables durante las noches y los fines de semana buscando en eBay zapatos que se aproximen lo mejor posible al siglo XVIII, debes ajustarlos, colocarles hebillas y arquearlos, para que luzcan como verdaderos zapatos del siglo XVIII, y entonces aparezcan en las cámaras y no provoque que la audiencia se ría de ti.

Fíjate en una vestimenta completa, de adentro hacia afuera, y haz los números. 

Ni siquiera estoy segura de tener permitido decir nada de esto en voz alta. El muchacho que gritó: ¡está desnudo! ¿fue apedreado hasta morir o llevado a prisión?

Pero lo voy a decir, ¡qué diablos! Es lo lindo de los medios sociales. No hay muros, todos somos uno. Todos compartimos, y todos somos parte del proceso.

Y dejemos que se haga la luz entre tanta oscuridad.






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