5 de enero de 2017

#DailyLine (ADELANTO) Libro 9: Cazando de noche.

Fuente/Source: Diana Gabaldon


 


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Aquel pensamiento era demasiado. William se levantó y dejó caer su manta, decenas de pequeñas polillas blancas se elevaron sorprendidas de la hierba y rodearon su cara inquisitivamente. Las ignoró poniéndose las botas y se alejó.

No le importaba hacia dónde se dirigía. Sentía sus extremidades como si hubiera estado en un barril durante toda la noche, entumecidas y con hormigueo, con una necesidad imperiosa de moverse. Las humeantes fogatas brillaban y parpadeaban bajo el gran roble, y el sabroso olor de la carne hizo que su estómago rugiera. Uno de los indios dormía al lado del fuego, enrollado en una manta, pero no podía adivinar cuál era.

Dando la espalda al fuego, se dirigió hacia los campos que se extendían detrás de la casa. Mount Josiah se había jactado de tener una veintena de acres de tabaco cuando lo había conocido años atrás, ¿estaría el terreno todavía cultivado?

Para su sorpresa, lo estaba. Los tallos se habían recolectado, pero el terreno estaba lleno de hojas secas y fragmentos; el olor penetrante y espeso del tabaco no curado yacía como incienso en la noche. El olor le calmó y cruzó el campo tranquilamente, hacía la sombra oscura del granero destinado al  tabaco. ¿Estaría todavía en uso?

Lo estaba. Granero era mucho decir,  no era mucho más que un cobertizo, pero la parte trasera era un espacio grande y aireado donde se colgaban los tallos para quitarle las hojas- en ese momento solo había unos pocos colgados de las vigas, apenas visibles contra la débil luz de las estrellas que se filtraba a través de los anchos tablones. Su entrada hizo que las hojas secas apiladas sobre la ancha plataforma crujieran y se movieran como si hubieran tomado conciencia de su presencia. Fue una extraña fantasía, pero no inquietante- él asintió a la oscuridad, respondiendo a la bienvenida.

Chocó con algo que se apartó con un sonido hueco, un barril vacío. Palpando contó más de una veintena, algunos llenos, otros a la espera. Algunos antiguos, unos cuantos nuevos a juzgar por el olor de la madera nueva que añadía su aroma al perfume del cobertizo.

Alguien estaba trabajando la plantación -y no era Manoke. El indio disfrutaba fumando el tabaco de vez en cuando, pero Willian nunca le había visto participar en el cultivo o en la cosecha. Tampoco olía a ello. Era imposible tocar el tabaco verde sin que una especie de alquitrán negro pegajoso se adhiriera a las manos, y el olor del tabaco maduro de los campos era suficiente para marear a un hombre adulto.

Cuando había vivido aquí con Lord John -el nombre le causó una pequeña punzada pero la ignoró- su padre había contratado trabajadores de la propiedad contigua, una tierra grande llamada Bobwhite, los cuales podían atender la modesta cosecha de Mt. Josiah además de la gran producción de Bobwhite. ¿Quizás todavía se mantuviera ese acuerdo?


La idea de que la plantación se encontrara aún activa, aunque fuera de esta forma fantasmagórica, le animó un poco, había pensado que el lugar estaba más que abandonado cuando vio la casa ruinosa. Curioso, salió del cobertizo y giró al oeste, pisando los restos de los tallos de tabaco, hacia los campos más altos que eran utilizados para cosechas de menor valor. Sí, estos también habían sido plantados y cosechados, a través de la pálida luz de la luna creciente vio maíz, plantados inhiestos en hileras como pequeños hombres harapientos. Rodeó el maíz y bajó a lo largo de los campos del río -habían intentado plantar arroz un año, pero no había dado resultado, no recordaba por qué.....un gran terreno de tierra en barbecho, espeso por la maleza y hierba seca, y luego se alejó del río y se vio caminando sobre los tallos secos y crujientes con un fuerte y familiar olor....¿a qué?...oh, lino. Por supuesto.

Sonrió al recordar que se le había permitido ayudar a trillar el lino; habían puesto los fardos de tallos secos un bolsas de tela ásperas, y los habían dejado en el pequeño rellano de ladrido, y entonces él, Papá y Manoke y Jim y Peter, sí, Jim y Peter, era correcto, los dos criados negros- habían saltado arriba y abajo sobre ellos, caminando hacia adelante y hacia atrás, y habían acabado bailando una cuadrilla desenfrenada sobre los sacos mugrientos y con marcas de pies. Habían bebido bastante cerveza,  podía saborear los vapores de la mezcla de la levadura y la cerveza en el final de su lengua, con un toque de aceite de semilla de lino que siempre le hacía pensar en pinturas.


Una oscura figura surgió de repente frente a él y gritó echándose a un lado, poniéndose rápidamente a cuatro patas buscando un palo, una roca, un....

" _Tabernac******- ¿eres tú -Gillaume? Quiero decir....."

"Soy yo," dijo William escuetamente, dejando caer el puñado de grava y hojas que había cogido. Suspiró por un momento con las manos sobre las rodillas antes de añadir "Pensé que eras un oso."

Lo dijo en serio pero Cinnamon soltó un pequeño soplido de diversión.

"Si hubiera un oso en diez millas a la redonda, se hubieraa unido a nosotros para cenar," dijo. "Pensé que había escuchado algo furtivo, como un gato, y vine a ver." Entonces se aclaró la garganta. "Lo siento," dijo más formalmente. "No quise....molestarte."

"No molestas," dijo William escueto pero no molesto. Nada de esto era culpa de Cinnamon -y le había caído muy bien el hombre cuando habían pasado aquel invierno cazando y poniendo trampas. Moviéndose lentamente a través de la nieve con los pesados zapatos de madera trenzada que les impedía hundirse.

Se estremeció un poco ante el recuerdo aunque la noche no era muy fría. Moqueando mientras se congelaba sobre los pelos de su cara, el aire como cuchillos y agujas en sus pulmones. Y el fuego en la noche, el sonido de la madera quemándose, el agua goteando, la sangre goteando de la presa, su propia sangre calentándose y volviendo a sus dedos de las manos y de los pies, el trance blanco y largo de un día en el bosque, rompiéndose por la visión de comida caliente. Y después su charla.

"No lo hiciste," repitió más firmemente. "¿Un gato dices? ¿Grande?"

Sus ojos estaban los suficientemente acostumbrados a la oscuridad en ese momento por lo que fue capaz de ver el asentimiento de Cinnamon con facilidad. William miró atrás sobre su hombro, volviendo su mente precipitadamente hacia su camino ¿había oído algo; olido algo.....? No se movía nada a parte de los sauces y los alisos del río, las hojas se agitaban con la ligera brisa. Sintió más que vio como Cinnamon se movía a un lado elevando su rostro para oler el aire. Ambos se quedaron congelados en el mismo momento.

Venía de la dirección de la casa, un olor acre tan tenue que casi no se podía distinguir a menos que una ligera brisa te lo trajera a la nariz. William hizo un gesto con la cabeza a Cinnamon. Un felino.

Miró entonces al árbol donde Manoke todavía yacía ante el resplandor del fuego envuelto en una manta de estrechas líneas rojas y amarillas. La mano de Cinnamon se cerró sobre su antebrazo y sintió como el indio sacudía la cabeza. Asintió de nuevo y palpó la cadera de Cinnamon, ¿estaba armado? Un soplo de disgusto consigo mismo - no. Tampoco Willian, y compartió el sentimiento con su amigo, ¡en que estaban pensando al salir a campo abierto después de anochecer sin apenas un cuchillo!

Movió la cabeza hacia la casa y Cinnamon asintió.


***Tabernac: palabra de origen francés muy utilizada en Canadá que viene a ser parecida a la expresión "Maldita sea."

3 comentarios:

  1. Gracias por compartir esta maravilla😊

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  2. Muchas gracias también de mi parte por este otro trocito de libro, se me ponen los dientes largos pensando en cuando lo tenga en mis manos. Gracias gracias de todo corazón

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