30 de abril de 2020

#DailyLine (ADELANTO) Libro 9. Ian Mohr, hombre sabio

Fuente/Source: Diana Gabaldon


Pasaron junto a un grupo de hombres, cerca de veinte, con el rostro desdibujado debajo del alero de sus sombreros, pero la luna iluminó una pálida nube del polvo que levantaron sus botas, lo que les hacía ver como si caminaran con niebla creciente hasta la rodilla.  Eran escoceses-irlandeses, hablando en voz alta, notablemente ebrios y discutiendo entre ellos, por lo que Jamie e Ian los pasaron sin que los tuvieran en cuenta. Francis Locke había dicho que había unas cuantas compañías de milicias en el pueblo; estos hombres tenían el aspecto de pertenecer a una milicia nueva -importantes e inseguros al mismo tiempo, y queriendo demostrar que no lo estaban.

Cruzaron la plaza y las calles detrás de ella, y se reencontraron una vez más con el silencio en medio del llamado de los búhos en los árboles cerca de Town Creek. Ian rompió el silencio, hablando bajo, un poco para sí mismo y otro poco no.

"La última vez que caminé así -quiero decir, de noche, caminando, no cazando- fue justo después de Monmouth", dijo. "Estaba en el campamento británico, con su señoría, y él me pidió que me quedara, porque yo tenía una herida de flecha en el brazo -recuerdas eso, ¿verdad? Ese mismo día, más temprano, tú me quebraste la parte larga de la flecha".

"Lo había olvidado", admitió Jamie.

"Bueno, fue un día largo". 

"Sí. Recuerdo sólo algunas partes. Perdí mi caballo cuando cayó del puente a una de esas ciénagas infernales, y nunca olvidaré el sonido de eso". Un profundo estremecimiento le revolvió las tripas, recordando el sabor de su propio vómito. "Y luego recuerdo al general Washington -¿Estabas allí, Ian? ¿Cuando hizo volver a la retirada luego de que Lee hiciera un lío de ello?

"Sí", dijo Ian, y se rió un poco. "Aunque no le presté mucha atención. Tenía mi propio problema para resolver, con los Abenaki. Y también lo resolví", agregó con voz sombría. "Tus hombres capturaron a uno de ellos, pero yo maté al otro esa noche, en el campamento británico, con su propio tomahawk".

"No había escuchado eso", dijo Jamie sorprendido. ¿Lo mataste en el campamento británico? Nunca me lo dijiste. Y por cierto, ¿cómo es que estabas allí? La última vez que te vi fue justo antes de la batalla,  y te volví a ver cuando tu primo William cargaba lo que pensé era tu cadáver sobre una mula".

Y la siguiente vez que había visto a William había sido en Savannah, cuando su hijo le había venido a pedir ayuda para salvar a Jane Pocock. Y había sido tarde. Ese fracaso no había sido culpa de ninguno de ellos dos, pero aún le dolía el corazón por la pequeña muchacha... y por su pobre muchacho.

"Eso no me molestó mucho", dijo Ian. "Llegué con Lord John -nos arrestaron juntos- pero luego salí del campamento, buscando a Rachel o a ti, pero tenía mucha fiebre, la noche iba y venía a mi alrededor como si respirara y yo caminaba por las estrellas con Pa a mi lado, conversando con él, como si...

"Como si él hubiera estado allí", terminó Jamie con una sonrisa. "Y creo que lo estaba. Lo siento a mi lado, de vez en cuando". Miró automáticamente hacia su lado derecho mientras dijo eso, como si en efecto Ian Mohr estuviera allí en ese mismo instante.

"Conversábamos sobre el indio que acababa de matar -y le dije que me acordaba de ese idiota que trató de extorsionarte, tío- el que maté al lado del fuego. Dije algo acerca de como parecía diferente, matar a un hombre cara a cara, y pensé que ya tendría que estar acostumbrado a cosas de ese tipo a esa altura, pero no lo estaba. Y él dijo que tal vez no debería acostumbrarme", dijo Ian pensativo. "Dijo que eso no era bueno para mi alma, acostumbrarme a cosas como esa".

"Tu Pa era un hombre sabio".


Gracias a Milissa Vitrella por la fotografía de las abejas.

#DailyLine (Adelanto) Libro 9. Preparada para disparar

Fuente/Source: Diana Gabaldon 

 


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[Excerpt from GO TELL THE BEES THAT I AM GONE, Copyright 2020 Diana Gabaldon.]

"Toma". Jamie se sacó una de las pistolas de su cinturón y se la dio a su hermana. La cual -para la sorpresa de Rachel- simplemente asintió y apuntó a una rueda rota de carreta abandonada a un lado del camino, probando la visión.

"¿Pólvora?" preguntó Jenny deslizando la pistola en su cinturón.

"Toma". Jamie se quitó una bolsa de su cuello y pasó la correa con cuidado por la cofia blanca de Jenny. "Tienes suficiente pólvora para matar a una docena de hombres, y seis cartuchos recién hecho para tener ventaja".

Jenny se dio cuenta de la cara de Rachel cuando dijo "matar a una docena de hombres" y sonrió ligeramente. A Rachel no la tranquilizaba.

"No te preocupes _a nighean_" dijo Jenny y palmeó su brazo antes de colocar bien la bolsa de cartuchos. "No dispararé a nadie a menos que quieran hacernos daño".

"Yo... preferiría que no dispararas a nadie en ninguna circunstancia" dijo Rachel con tacto. No había comido mucho en el desayuno pero sentía el estómago revuelto. "No... por nosotros, por supuesto". Pero había acunado la cabeza de Oggy ante el pensamiento, presionándole cerca.

"¿Estarías de acuerdo si los disparo en mi propio nombre?" preguntó Jenny arqueando una ceja. "Porque no voy a permitir que nadie se meta con mi nieto".

"Se comprensiva, mamá", dijo Ian tolerante antes de que Rachel pudiera contestar. "Sabes que si nos encontramos con algún villano, Rachel los convencerá antes de que tengas que dispararles",  le dedicó a Rachel una sonrisa íntima y ella respiró un poco.

Jenny emitió un sonido gutural que podría ser de acuerdo o simplemente educación, pero no dijo nada más sobre disparar a nadie.

[Esta foto es mía, de abejas ocupadas en la polinización de un naranjo en el patio trasero]







Jamie Fraser juega muy bien al escondite

Fuente/Source: The Spinoff


¿Está Roger vivo? ¿Puede Marsali predecir el futuro? ¿Tendrá alguna vez el Cerro Fraser suficientes velas? Tara Ward valora el Episodio 8 de la Temporada 5 de Outlander

Si estábais pensando en atravesar las piedras y llegar al año 1771 para poder escapar de este viejo y loco mundo nuestro, yo que vosotros me lo pensaría dos veces. Daos la vuelta, no paséis. Esta semana fue espantosa en Carolina del Norte, con casi todos sus personajes abrumados por la pena y el trauma. Jamie y Jocasta lloraban por su querido Murtagh, un apesadumbrado Ian volvió al Cerro Fraser, Roger sobrevivió pero no puede hablar, Brianna se preocupaba por todo y el talento de Marsali en el tarot no era de este mundo. No hubo ni graciosas cabras ni un alegre Lord John bailando, y no sé vosotros, pero a mí me vendría la mar de bien ahora mismo un alegre Lord John bailando. 

                                              Lo mismo
                           JAMIE FRASER SOMOS NOSOTROS

En el último episodio nos quedamos sin saber si Roger estaba vivo o muerto; Outlander nos dejó un cliffhanger  como si fuera una uva en la mano de Jamie Fraser y nosotros su esposa hambrienta poniéndose morada con una bandeja de aperitivos en un sórdido burdel escocés. 

Empezamos en 1969, con un Roger vivito y coleando enseñando en la Universidad de Oxford. 

Roger tiene un gran cerebro y un precioso jersey de cuello alto, y ni idea de que cuando viaje en el tiempo al pasado terminará casi muerto y privado de la posibilidad de hablar, y que tendrá pensamientos recurrentes de esta experiencia traumática en forma de una película muda en blanco y negro de los años 1920. No preguntemos por qué. La vida está llena de sorpresas inesperadas. 

En 1771, Claire le hace a Roger una traqueotomía de emergencia y le salva la vida. Jamie intenta animar a su semi inconsciente yerno diciéndole que "todo saldrá bien". Tres meses más tarde, todo era todavía una mierda para Roger, que no podía escapar de su trauma. Se auto aísla y se auto impone el distanciamiento social, probablemente se lava las manos mucho y por supuesto llora incontables lágrimas en silencio. Todos hemos estado ya allí, ya sea en 1771 o en marzo de 2020. 

    
                                PENA AL ESTILO OUTLANDER

Había otra situación de nivel cuatro en la Casa Grande, donde Jamie y Jocasta lloraban la muerte de su viejo colega Murtagh. Jamie pareció animarse un poco jugando al escondite, hasta que su sobrino, el Joven Ian, salió de la nada y mató a un jabalí. Ian también se sentía hecho polvo, incluso más triste que ese cerdo muerto, así que podemos decir que llegó al lugar apropiado. La reunión de Ian con los Fraser fue bastante emotiva, y Roger y yo lloramos unas cuantas más lágrimas en silencio y luego yo me volví a lavar otra vez las manos, y le hice 4.000 capturas de pantalla a Jamie Fraser escondiéndose detrás de un árbol y me sentí mejor.

                                                 Los juegos son divertidos

¿OS ACORDÁIS DE LO QUE ES ESTAR AFUERA? ¿OS ACORDÁIS DE LOS JUEGOS?

Como todo el mundo en el Cerro estaba jodido con sus batallas personales interiores, fue Marsali la que tuvo que intentar subirle la moral a todos. Marsali es la luz de nuestras vidas, la piedra preciosa de nuestra corona del siglo XVIII, el bálsamo salvavidas atrapado dentro del fanal de cristal emocional de Outlander. Fue ella la que intentó alegrar un poco a Roger leyéndole el tarot, pero tuvo que dejarlo cuando le sacó la carta del hombre ahorcado. Dos veces. Eso no está bien, Marsali, nada bien. 

¿Qué más sucedió? En este momento yo tenía ya la visión borrosa por el torrente de emociones que me caía encima, pero hubo algo como que Tryon le dió a Roger un montón de tierras para compensar que casi se lo había cargado, y Roger e Ian yéndose de finde de tíos y fomentando su unión compartiendo penas. Roger tuvo una revelación en la cima de una montaña, recobró el control de sus cuerdas vocales y volvió a casa para decirle a Brianna que siempre cantará para ella. Ian literalmente enterró su hacha, pero tristemente, a ninguno de los dos les apeteció jugar al escondite en el bosque. 


AVISO: NO OS HAGÁIS ESTE CORTE DE PELO MIENTRAS ESTÁIS EN CONFINAMIENTO

Ya hemos pasado por tiempos oscuros en Outlander otras veces, así que hablemos de lo positivo que ha habido esta semana. Marsali está a punto de tener otro bebé, Claire y Jamie están a partir un piñón, y las existencias de velas en el Cerro están más que aseguradas. Ha sido una semana muy emotiva, pero estos son tiempos emotivos, y cuando todo lo demás falla tenemos que hacer como Jamie Fraser en un bosque del siglo XVIII. Encontremos un árbol, agachémonos detrás de él y esperemos a que los buenos tiempos vuelvan a encontrarnos. 


16 de abril de 2020

El dolor une a Roger e Ian en Outlander; Diana Gabaldon nos explica por qué ya no encajan en sus propias vidas

Fuente/Source: Parade

Estábamos en las postrimerías de la Batalla de Alamance en el Episodio 8 de la Temporada 5 de Outlander y Jamie Fraser estaba intentando asimilar la pérdida de su padrino Murtagh Fitzgibbons, muerto tras haberle salvado la vida; Roger tenía síntomas de Síndrome de Estrés Postraumático, y sufría recuerdos recurrentes de su ahorcamiento, lamentándose al mismo tiempo de la pérdida de su voz; y el Joven Ian había vuelto después de haber vivido con los Mohawk, y también él estaba en duelo por una pérdida de la que se negaba a hablar. Por tanto, fue un episodio que nos presentó tres hombres rotos.

Diana Gabaldon nos dijo en exclusiva a Parade.com: "El dolor es una cosa tangible, y la pérdida tiene forma. Ninguno de los dos son vacío; son cosas concretas y definidas que hay que asimilar, y al hacerlo, nos readaptamos y nos rediseñamos para poder incorporar en nuestro ser esta cosa nueva, extraña, nociva, que se ha unido a nosotros".


Durante toda la temporada, la más importante aportación de Roger fue su arte para el canto. La última vez que le vimos antes de participar en Alamance, le cantó "Clementine" a Jemmy, y se puso mucho énfasis en remarcar que Jemmy estaría impaciente esperando a que su padre volviera para cantarle más canciones. 

Dice Gabaldon: "Para Roger, perder su voz es una tragedia enorme. Había hecho modestos progresos para adquirir las habilidades más elementales de un hombre del siglo XVIII, pero su aptitud para cantar es una de las cosas en las que es verdaderamente bueno. Era el aspecto que definía su personalidad y su vida, o al menos eso piensa. No puede soportar la idea de intentar hablar y no ser capaz de hacerlo". 

Lo que más desea Brianna es que su marido vuelva a ella, y por mucho que Roger quiera ser el hombre que ella necesita, parece que no consigue volver a la normalidad, incluso cuando Brianna le regala un avión de papel en el primer aniversario de su boda. 

Añade Gabaldon: "está constantemente rememorando lo que ha perdido y los dolorosos recuerdos de cómo lo perdió, con esa astuta metáfora del flashback en forma de película muda. Bajo un peso tan insoportable, piensa que volver a reconectar con alguien es imposible, ni siquiera con su esposa y familia. 


El retorno del Joven Ian es la sorpresa del episodio. Cuando accedió a convertirse en miembro de la tribu Mohawk para que liberaran a Roger, Ian juró que se quedaría para toda la vida. Por eso su aparición en el Cerro Fraser es una sorpresa, y todavía más cuando revela que ha venido para quedarse. 

Dice Gabaldon: "Ian Murray ha perdido lo que era más importante para él. No se nos explica con detalle cuál es dicha pérdida, pero tanto nosotros como Roger suponemos que lo que ha perdido es a su esposa, a la que nosotros no conocemos. Ian posee todas las cualidades del hombre del siglo XVIII de las que Roger carece, pero ya no tiene a su esposa. Y Roger sí". 

Continúa: "Ninguno de los dos lleva bien su pérdida y su dolor. Ambos rechazan los gestos bien intencionados de familia y amigos. Saben que ya no encajan. No solo en la estructura de la familia que desea acogerles y sanarles, sino que no encajan ellos mismos en sus propias vidas". 

Por tanto, Jamie tiene la idea de enviar a los dos hombres juntos a reconocer las tierras que ha recibido Roger de parte del Gobernador Tryon en su intento de compensar de alguna manera el error cometido con él. 

Dice Gabaldon: "Les vemos luchando a los dos de una forma más o menos paralela, hasta el punto de que se encuentran solos en el bosque, alejados de aquéllos que con su mejor intención quieren ayudarles, pero que no entienden nada. Pero ellos sí se entienden mutuamente. Se pelean, pero haciéndolo, se entienden".


El ajuste de cuentas entre ellos llega cuando Roger se despierta por los ladridos de Rollo. Ian nunca ata a su perro, pero ahora lo ha hecho, y eso hace que Roger sospeche que pasa algo. Busca a Ian, y descubre que éste está intentando suicidarse bebiendo un té hecho con la cicuta que había robado de la colección de hierbas de Claire. 

Ian, obviamente sufriendo por su pérdida, le pregunta a Roger qué es lo que vió en ese último momento cuando tenía la cuerda alrededor del cuello. Roger contesta: "la cara de Brianna", y así Ian se da la cuenta de que incluso en la muerte no hay escape a la agonía que está atravesando 

Como conclusión, Gabaldon dice: "Cada uno de los dos consigue dar un paso atrás, salir de su pena propia durante un momento con el fin de reconocer la pérdida del otro, aunque sea solo momentáneamente, y luego volver juntos al lugar que solían considerar su hogar, todavía no curados, pero con la fuerza suficiente para luchar". 

Cuando vuelven al Cerro Fraser, Roger le dice a Bree que ya nunca será el mismo hombre que antes, pero ella ve el cambio en él, e interpreta que, con un poco de fortuna, puede ser el primer paso a esa nueva normalidad. 

"Es como dice Samuel Beckett: 'Hay que seguir. No puedo seguir. Seguiré'".

15 de abril de 2020

En Outlander, la entretenida serie de Starz que nos ayuda a escapar de la realidad, hay una línea argumental importante para encontrar la cura

Fuente/Source: The Washington Post


Si queremos escaparnos de la realidad en unos momentos en los que experimentamos tanta necesidad de apoyo emocional, ¿puede haber algo más satisfactorio que una serie tan romántica, que nos trae tantos saltos en el tiempo, como Outlander?

Los fans llevan diciendo eso mismo desde hace años, cayendo felizmente en los brazos de un highlander escocés del siglo XVIII muy sensible, Jamie Fraser. O en los de su brillante esposa, Claire, una doctora del siglo XX. O quizá existe una manera de remeterse entre los dos, como si fuera un sándwich amoroso de Outlander (imagino que los fans de la ciencia ficción ya han ideado escenarios de este tipo).

El show ha ido desgranando las populares novelas de Diana Gabaldon, y ya ha emitido el episodio 7 de su 5ª temporada. Estos días tenemos tiempo de sobra para empezar otra vez desde la temporada 1 y disfrutar de Outlander a nuestro propio ritmo; el resto estamos ya en la Carolina del Norte de 1771, donde increíblemente (y misteriosamente) los Fraser se ven envueltos en las primeras revueltas que anuncian la próxima Guerra de la Revolución. Y nos preguntamos: ¿Cómo es posible que una historia que empieza en Escocia termine aquí? ¡Ay, queridos! decir que es complicado es poco...

Para ser totalmente sincero, la temporada actual revela que incluso Outlander puede perder algo de su fuerza inicial, arrastrando una línea argumental en la que Jamie se ve obligado en contra de su voluntad, por las autoridades británicas, a formar una milicia para ayudar a los casacas rojas en su persecución de un Regulador novato que resulta ser el padrino de Jamie y su protector bajo juramento. Todo esto es tan complicado y estresante...y además, una vez que llegan a la batalla hay abundancia de mosquetes y de machos.

Una línea argumental mucho más interesante y premonitoria la encontramos, como siempre, en el mundo de Claire. Hace un par de temporadas, volvió con Jamie desde 1969, donde trabajaba como cirujana en Boston. Posteriormente la siguió su hija adulta Brianna, y ésta a su vez por su prometido escocés Roger. 

Ahora están todos intentando construir una vida pacífica para su familia en la recientemente creada comunidad agrícola colonial que Jamie ha bautizado como Cerro Fraser. 

Además de otras mil tareas, Claire se ha convertido en el médico del pueblo, donde trata heridas y enfermedades y de vez en cuando realiza alguna intervención como la extracción de amígdalas o el apéndice con la sola ayuda de la tecnología del siglo XVIII para asistirla. 



Aunque está maravillado por su destreza, Jamie aprendió hace ya mucho tiempo a referirse a su esposa como una "sanadora", porque ninguna mujer en su tiempo puede considerarse seriamente como doctora. Esto es ahora un tema que se trata muchas veces en la serie, cuando Claire se dispone a curar a uno o varios miserables personajes que sin ella habrían estirado la pata. Ella sabe muchísimo más de lo que ellos sabrán nunca, sin embargo, como recompensa, se la ha acusado de brujería o, lo que es peor, ha tenido que ver, impotente, como sus diagnósticos eran ignorados. 

"Te dejo luchando tu guerra particular con esos animalitos invisibles", le dice Jamie a Claire mientras se prepara para ir a trabajar la tierra. Una cola de colonos tosiendo la espera detrás de la puerta para que les ayude. 

"Bacterias", le recuerda Claire. "Es verdad que parece una guerra".

Los habitantes del Cerro Fraser tienen a Claire en alta estima, aunque no hacen ni caso de sus consejos médicos, prefiriendo la superstición, la extracción de sangre y los elixires inútiles. 

Claire está harta. Empieza a cultivar muestras de moho dentro de recipientes de cristal, esperando poder conseguir dosis eficaces de penicilina. Bajo un alias, Doctor Rawlings, circula una lista de buenas prácticas sanitarias (¡lavaos las manos!) que termina siendo impresa en un periódico local...y totalmente ignorada como simples consejos de un loco. 

"No solo estoy luchando contra la enfermedad, sino que estoy también luchando para encontrar la cura" dice Claire en un momento dado. 

Brianna se enfrenta con su madre por su voluntad de practicar medicina moderna siglos antes de lo que le corresponde: "no puedes hacer esto...faltan cien años para que se invente la penicilina".. Claire le contesta: "157 años, para ser precisos". 

Brianna dice: "pretender ser otra persona y escribir listas que van en contra de la verdad oficial es una cosa pero, ¿esto? esto es peligroso. ¿Qué pasa si interfieres con el equilibrio cósmico o rompes alguna regla del espacio y del tiempo? ¿No es eso jugar a ser Dios?"

A lo que Claire responde: "Juego a ser Dios todas y cada una de las veces en que salvo la vida de una persona en este tiempo". Claire ya ha pensado en todo esto. Como no hay ninguna explicación científica de cómo ella, Brianna y Roger fueron transportados a través del tiempo tocando las piedras de Craigh na Dun en Escocia...¿por qué pararse aquí? Ya ha tomado la decisión de  utilizar alguna ciencia en medio de la magia. "Tiempo, espacio, historia...¡a la mierda!".

En otras palabras, deja las paradojas para los fans de la ciencia ficción. En la voluntad de Claire de salvar vidas, los espectadores de Outlander pueden encontrar una inesperada nota de consuelo en los tiempos del coronavirus, creyendo que nuestra Claire Fraser está ahí, experimentando con una cura. 

También están ahí fuera otros torpes líderes y charlatanes, enmarañando datos,  pociones y teoría curativas (¿qué tal la hidrocloroquina?). En un reciente episodio, una acción cobarde por parte de uno de los catetos de la milicia destruyó la jeringuilla que contenía la única poca penicilina que tenía Claire. Es una piedra en el camino que nos decepciona, pero también un recordatorio muy apropiado de que un mundo que tanto necesita la salud muy a menudo boicotea a sus salvadores.