17 de noviembre de 2016

#Dailyline (ADELANTO) Libro 9: Un atisbo de fantasmas

Fuente/Source: Diana Gabaldon

#DailyLines #LibroNueve #VeYDileALasAbejasQueHePartido #NoNoTengoNiIdeaDeCuandoEstaráTerminado #OsLoHaréSaber #UnAtisboDeFantasmas #FelizHalloween

"Mamá ha estado ocupada," comentó Brianna, poniendo automáticamente las patatas en un estante mientras seleccionaba una docena para llevarse. "Supongo que tu también," añadió sonriendo a Fanny. "Ayudaste a reunir todo esto. Estoy segura."
Fanny bajó la cabeza modestamente pero se sonrojó un poquito.
"Desenterré los nabos y algunas patatas," dijo ella. "Había un montón en el lugar que ellos llaman el Viejo Jardín. Debajo de las malas hierbas."
"El Viejo Jardín," repitió Bree. "Sí, supongo." Un escalofrío que nada tenía que ver con la fría bodega le subió por el cuello y le contrajo el cuero cabelludo. Su madre le había escrito en una carta, con una brevedad que golpeaba como balas de goma, sobre la muerte de Malva Christie en el jardín. Y sobre la muerte de su hijo nonato. Bajo las malas hierbas, en efecto. 
Miró de soslayo a Fanny, que sacaba cebolla de su trenza, pero la chica parecía no mostrar ninguna emoción sobre el jardín, probablemente nadie le había contado- todavía, pensó Bree- lo que había pasado allí, y porqué el jardín se había abandonado a las malas hierbas.
"¿Deberías coger más patatas?" preguntó Fanny, echando 2 cebollas amarillas y gordas en la cesta. "¿Y tal vez manzanas, para buñuelos? Si no deja de llover, esos hombres se quedarán a pasar la noche. Y no tenemos huevos para el desayuno."
"Bien pensado," dijo Bree, bastante impresionada ante el pensamiento de ama de casa de Fanny. Aunque el recuerdo hizo que se acordara de los misteriosos visitantes.
"¿Qué dijiste a Pa sobre que uno de los hombres era un oficial. ¿Cómo lo supiste?" ¿Y cómo supo Pa que tu sabrías algo así? añadió en silencio.
Fanny la miró por un momento con el rostro inexpresivo. Después pareció que de repente tomaba una decisión y asintió para sí misma.
"Los he visto," dijo simplemente. "Muchas veces. En el burdel."
"En el...." Brianna casi tira el pawpaw que había cogido del estante superior.
"Burdel," repitió Fanny simplemente. Bree se había girado para mirarla, estaba pálida, pero sus ojos estaban firmes bajo su cofia. "En Filadelfia".
"Ya veo." Brianna deseó que su voz y sus ojos estuvieran tan firmes como los de Fanny y trató de hablar con calma a pesar de que su aterrorizada voz interior estuviera diciendo -¡Dios mío, solo tiene once años!-. "¿Es...ahí... donde....ummmm... Pa? ¿Es ahí donde él te encontró?"
Los ojos de Fanny se llenaron de lágrimas de repente, y ella se giró rápidamente para rebuscar en un estante de manzanas.
"No," dijo con voz apagada. "Mi...mi hermana.....ella.....nosotras....nos fuizmoz  juntaz."
"Tu hermana," dijo Bree con cuidado. "¿Dónde....?"
"Ella eztá muerta."
"¡Oh, Fanny!" Tiró el pawpaw, pero no importó. Agarró a Fanny y la abrazó fuertemente, como si pudiera mitigar el dolor que destilaba su existencia. Fanny temblaba en silencio. "Oh, Fanny," dijo suavemente de nuevo, mientras acariciaba la espalda de la chica como hubiera hecho con Jem o Mandy, sintiendo sus delicados huesos bajo sus dedos.
No duró mucho. Después de un momento, Fanny tomó el control de sí misma -Bree pudo sentirlo, como se paraba y se recomponía- y dio un paso atrás fuera del abrazo de Bree.
"Está todo bien," dijo parpadeando rápido para evitar que se escaparan más lágrimas. "Está bien. Ella está-ella está a salvo ahora." Inspiró profundamente y se enderezó. "Después- después de que esto pasara, William me entregó al Sr. Fraser. ¡Oh!" Un pensamiento la golpeó y miró a Bree con incertidumbre. "¿Conoces.....a William?"
La mente de Bree se quedó completamente en blanco durante un momento. ¿William? Pero de repente reaccionó y miró sorprendida a Fanny.
"William. Quieres decir.....¿el hijo del Señor Fraser..... de Pa?" Decir las palabras le hizo revivirlo; el joven alto de ojos de gato y nariz larga, con el cabello más oscuro que el suyo, hablando con ella en el muelle de Wilmington.
"Sí," dijo Fanny todavía cautelosa. "Creo....¿significa que es tu hermano?"
"Medio hermano, sí." Brianna se sintió aturdida, y se agachó para recoger la fruta caída. "¿Dijiste que él....te entregó a Pa?"
"Sí." Fanny inspiró nuevamente, y se agachó para coger la última manzana. Poniéndose de pie miró a Bree directamente a los ojos. "¿Te molesta?"
"No," dijo Bree suavemente, y tocó la tierna mejilla de Fanny. "Oh, Fanny, no. En absoluto."


Pawpaw: banano de montaña


#DailyLine (ADELANTO) Libro 9: Ian y Rachel. Y unos cuantos Mohawks

Fuente/Source: Diana Gabaldon


#DailyLines #VeYDileALasAbejasQueHePartido #LibroNueve #IanYRachel #YUnosCuantosMohawks
#YUnBebé #Intimidad




Come Tortugas tragó el último bocado de su guiso de pavo y emitió un sonoro eructo como agradecimiento en dirección a Rachel, luego le entregó su plato, diciendo, "Más", antes de reanudar la historia que había estado contando entre bocado y bocado. Afortunadamente, era sobre todo en Mohawk, mientras que las partes que habían sido en inglés, parecían tratar sobre uno de sus primos el cual había sufrido un destripamiento parcial muy cómico a raíz de un encuentro con un alce enfurecido.

Rachel tomó el plato y lo rellenó, mirando fijamente la parte trasera de la cabeza de Come Tortugas e imaginando la luz de Cristo brillando en él. Debido a una infancia huérfana y miserable, había tenido una práctica considerable en tal discernimiento, y era capaz de sonreír amablemente a Tortugas mientras colocaba el plato recién rellenado a sus pies, sin interrumpir sus gesticulaciones.

Considerando el lado bueno, reflexionó, mirando a la cuna,  la conversación de los hombres había apaciguado a Oggy hasta adormecerlo. Con un vistazo que captó la mirada de Ian y un gesto con la cabeza hacia la cuna, salió para disfrutar del placer más inusual de una madre: diez minutos a solas en el retrete.

Relajada en cuerpo y mente como se encontraba, era reacia a volver a la cabaña. Pensó brevemente en bajar caminando hacia la Casa Grande para visitar a Brianna y Claire, pero Jenny había bajado cuando se hizo evidente que los Mohawks pasarían la noche en la cabaña de los Murray. Rachel apreciaba mucho a su suegra, después de todo ella adoraba a Oggy y quería a Ian perdidamente, pero realmente no quería la compañía de ninguno de ellos en este momento.

La noche era fría pero no glacial y llevaba un grueso chal de lana. Una luna gibosa* se elevaba en medio de un campo de gloriosas estrellas y la paz del Cielo parecía susurrar desde el bosque de otoño, con el aroma punzante de las coníferas y un aroma más suave de las hojas moribundas. Se abrió paso con cuidado por el sendero que conducía al pozo, se detuvo a beber un trago de agua fría y luego continuó, llegando, un cuarto de hora después, al borde de una formación rocosa desde la cual, de día, se divisaban las montañas y valles interminables. De noche, era como estar sentado en el borde de la eternidad.

La paz se filtró en su alma con el frío de la noche, ella la buscó y le dio la bienvenida. Pero todavía, en contraste con la gran tranquilidad que la rodeaba, había una parte inquieta en su mente y un ardor en su corazón.

Ian nunca le mentiría. Él se lo había dicho y ella le creyó. Pero no era lo suficientemente tonta como para pensar que eso significaba que él le había contado todo lo que podría querer saber. Y ella tenía muchas ganas de saber más sobre Wakyo´tenyensnohnsa, la mujer Mohawk que Ian había llamado Emily... y había amado.

Quizás ella estaba viva, quizás no. Si ella vivía... ¿cuál podría ser su situación?

Por primera vez, se le ocurrió preguntarse qué edad podría tener Emily, y cómo sería. Ian nunca lo había mencionado; ella nunca lo había preguntado. No había parecido importante, pero ahora...

Bien. Cuando lo encontrara solo, se lo preguntaría, sin más. Y con determinación, giró su cara hacia la luna y su corazón hacia su luz interior y se preparó para esperar.


Más o menos una hora más tarde algo se movió a su lado en la oscuridad e Ian estaba de repente detrás de ella, cálido en la noche.

"¿Está Oggy despierto?" preguntó acurrucándose en su chal.

"No, muchacha, está dormido como un tronco."

"¿Y tus amigos?"

"Más de lo mismo. Les dí un poco de whisky del tío Jamie."

"Cuanta hospitalidad, Ian."

"No era mi intención, pero acepto si eso te hace pensar un poquito mejor de mí."

Le puso el pelo detrás de la oreja, agachó la cabeza y le besó ese lado del cuello, dejando clara su intención. Ella dudó un instante pero después subió su mano bajo su camisa y se dejó llevar, tendida de espaldas sobre su chal bajo el cielo estrellado.

Deja que seamos solo nosotros, una vez más, pensó- si él piensa en ella, que no sea ahora.
Y fue por eso que no le preguntó cómo era Emily, hasta que los Mohawks finalmente se fueron, tres días más tarde.








10 de noviembre de 2016

#DailyLine (ADELANTO) Libro 9: Sobre cabras y urracas.

Fuente/Source: Diana Gabaldon


 


#DailyLines #VeYDileALasAbejasQueHePartido #TodoCambia #ParaQuedarseIgual #DinnaFash #TodoSaIráBien

"¿Un oso? Oh, para eso te estás preparado. Claire se lo preguntaba." Soltó a las ansiosas cabras y se sumergieron entre la espesa hierba como patos en un estanque.

"¿De veras?" Él mantuvo el tono casual en su voz.

"No lo dijo," respondió su hermana de manera franca. "Pero vio que no estaba tu arma mientras hacíamos el desayuno, y se paró en seco durante un instante."

Le dio una punzada en el corazón. No había querido despertar a Claire cuando salió a oscuras, pero debería haberle dicho la noche anterior que tenía la intención de seguir la pista del oso que Jo Beardsley había visto. Había habido poco tiempo para la caza mientras trabajaban para levantar un tejado antes del invierno- necesitaban desesperadamente la carne y la grasa. El pie de Brianna estaba mejor pero no aguantaría mucho tiempo de pie durante días siguiendo el rastro -además, solamente tenían unas pocas colchas y una manta de lana que había conseguido de un comerciante de Moravia. Una buena alfombra de oso sería una comodidad para Claire en las las frías noches; ella padecía más el frío ahora que la última vez que pasaron el invierno en el Cerro.

"Ella está bien," dijo su hermana, y pudo ver su mirada de interés reflejada en su propio rostro. "Solamente se lo preguntaba."

Jamie asintió sin pronunciar palabra. Tal vez deba pasar un poco más de tiempo todavía, antes de que Claire despertase, se diera cuenta de que había partido con un arma, y no se preocupara.

Respiró y vio su aliento blanco desvanecerse instantáneamente, el nuevo sol calentaba sobre sus hombros.

"¿Y qué haces aquí tu sola? Es un lugar apartado para andar de forraje." Una de las cabras había llegado para tomar aire y estaba oliendo el final de su cinturón de cuero de una forma curiosa. Lo puso fuera del alcance del animal y le dio un suave rodillazo para que se fuera.

"Las engordo para que puedan soportar el invierno," dijo ella, señalando con la cabeza a la entrometida nodriza. "Quizás reproducirlas, si están preparadas. Les gusta la hierba más que el forraje de los bosques y es más fácil de controlarlas."

"Sabes bien que Jem y Germain y Fanny se ocuparán de ellas por tí. ¿Te está volviendo loca el pequeño Oggy?" El bebé estaba echando los dientes, y tenía unos pulmones vigorosos. Se le podía oír en la Casa Grande cuando el viento soplaba a favor. "¿O eres tú la que está volviendo loca a Rachel?"

"Me gustan las cabras," dijo ella, ignorando su pregunta y apartando un par de labios curiosos que mordisqueaban el borde de su chal. "[Fuera, cabra-en gaélico] Las ovejas son seres de buen corazón, cuando no están intentando tumbarte, pero no son listas. Una cabra piensa por si misma."

"Sí, como tú. Ian siempre decía que te gustaban las cabras porque eran tan testarudas como tú."

Ella le dirigió una mirada evaluadora.

"Mira quién habla," dijo Jenny sucintamente.
"El muerto se asusta del degollado," respondió él, agitando un manojo de hierba bajo su nariz. Ella se lo quitó de la mano y se lo dio a la cabra.

"Mf," dijo ella. "Bueno si quieres saberlo, vengo aquí para pensar, de vez en cuando," dijo. "Y rezar."

"Oh, ¿de verdad?" dijo Jamie, y ella apretó sus labios un momento y luego se giró para mirar a través de la pradera, protegiéndose los ojos contra el resplandor del sol de la mañana.

-Es suficiente -pensó él.- Contará más cuando esté preparada.

“Hay un oso ahí arriba, ¿verdad?” preguntó Jenny dándole la espalda. “¿Debería llevarme abajo a las cabras?”
“Probablemente no. Jo Beardsley lo vio hace un par de días, aquí en el prado, pero no hay ninguna señal reciente.”

Jenny lo pensó durante un momento, después se sentó en una roca con liquen, extendiendo sus faldas cuidadosamente. Las cabras se habían ido a pastar, y ella elevó su rostro hacia el sol, cerrando sus ojos.

“Sólo un tonto cazaría un oso solo,” dijo con los ojos todavía cerrados.  “Claire me dijo eso la semana pasada.”
“¿Lo hizo?” dijo él secamente “¿Te dijo que la última vez que maté un oso, lo hice solo, con mi puñal? ¿….y…. que ella me golpeó con un pescado en la cabeza mientras lo hacía?”
Ella abrió los ojos y le miró.
“No dijo que un tonto no pudiera tener suerte,” puntualizó. “Y si tú no hubieras tenido la suerte del mismísimo diablo, ya hubieras muerto seis veces.”
“¿Seis?” Frunció el ceño perturbado, y ella elevó las cejas sorprendida.
“Realmente no estaba contando,” dijo ella. “Fue solo una suposición. ¿Qué sucede,…a graidh…?”
Ese casual ”cariño” le sacudió inesperadamente en lo más profundo, y tosió para ocultarlo.
“Nada,” dijo él encogiéndose de hombros “Solo que siendo joven cuando estaba en París, una adivina me dijo que moriría nueve veces antes de mi muerte. ¿Piensas que debería contar la fiebre después de que Laoghaire me disparara?”
Ella sacudió la cabeza con determinación.
“No, no habrías muerto incluso si Claire no hubiera regresado con sus pequeños aguijones. Te habrías repuesto e ido tras ella en un día o dos.”
Él sonrió
“Podría ser.”

Su hermana emitió un pequeño ruido con la garganta que podría ser de risa o de burla.

Se hizo el silencio por un momento, ambos con las cabezas elevadas, escuchando al bosque. El ruido cesó, y se pudo oír una urraca cerca, con un reclamo que podía ser como una bisagra oxidada abriéndose. Después hubo un sonido –quah-quah- como la llamada de una urraca desde algún lugar detrás de él, y vio como Jenny miraba por encima de su hombro con los ojos entrecerrados.
“¿Sólo una?” dijo él manteniendo su voz tranquila pero sintiendo la tirantez entre sus omóplatos …… Una, dolor….
Ella elevó una mano silenciándole, y sentada, escuchando, sus ojos peinando las ramas en busca de un segundo pájaro…..Dos, suerte……Su cara se iluminó al final, un estridente –quahhhhhhh- llegó desde la izquierda y él se giró para ver la segunda urraca, aferrándose en el vaivén de una rama de pino, con su redondo ojo fijo en el suelo. Se relajó y tomó aliento.
Lo mismo hizo Jenny, y retomando la conversación donde la había dejado, preguntó “¿Me culpas por hacer que te casaras con Laoghaire?”
Él la miró.
“¿Qué te hace pensar que podrías hacerme hacer algo que yo no quiera, pequeña plasta?”
“¿Qué demonios es una plasta?” le exigió frunciendo el ceño.
“Un gran fastidio, es todo lo que te puedo decir,” admitió. “Jemmy llamó así a Mandy la semana pasada.” Un repentino hoyuelo apareció cerca de la boca de Jenny, pero no reía.
“Sí,” dijo. “Sabes lo que quiero decir.”
“Lo sé,” dijo él. “Y no. No te culpo. Ella no me mató, después de todo.”


*****Nota a pie de página:
El juego de las urracas es una antigua nana, que tiene que ver con las urracas y la suerte que tendrás dependiendo del número de ellas que veas. Y esta nana proviene de una antigua superstición inglesa que tiene su origen el siglo XVI,

One for sorrow,
Two for luck; (or mirth)
Three for a wedding,
Four for death; (or birth)
Five for silver,
Six for gold;
Seven for a secret,
Not to be told;
Eight for heaven,
Nine for [hell]


And ten for the d[evi]l's own sell








8 de noviembre de 2016

#DailyLine (ADELANTO) Libro 9: Cada Amanecer es un nuevo día

Fuente/Source: Diana Gabaldon


 


#DailyLines #IdYDecidleALasAbejasQueMeFui #LibroNueve #NoNoEstáTerminadoTodavía #CadaAmanecerEsUnNuevoDía #YTambiénLoEsÉste #HazUnEsfuerzo #NoVeasLaCoberturaElectoral #VeOutlander

Se estaba caliente y cómodo bajo el montón de mantas y pieles - y mucho más caliente y cómodo en contraste con el helado toque de la mañana en mi rostro. Inspiré hondo tomando el limpio y nuevo aire, esperando que no oliera a nieve. Habíamos tenido suerte -mucha suerte- hasta ahora, solo había llovido un par de veces desde que habíamos partido de casa, y estábamos casi fuera de las montañas.

Si hoy se mantenía así, si nada se rompía en la carreta, ninguna de las mulas se rompía una pata o tenía cólicos, los dos caballos se abstuvieran de morderse entre ellos (y a nosotros) y nadie hostil se interesara en nosotros, podríamos llegar a los tramos superiores del Piedmont al anochecer.

No olía a nieve. Olía a humo, con un atrayente dejo de olor a café hirviendo. Sonreí sin abrir los ojos. Jamie estaba levantado entonces- por supuesto que lo estaba; siempre se levantaba media hora antes de que el sol saliera a menos que estuviera enfermo o herido; y aunque no olía la luz del amanecer, podía ver el resplandor a través de mis párpados cerrados. Fanny se movió a mi lado, se acurrucó cerca y metió su cabeza bajo mi brazo. A mi otro lado, Germain estaba tumbado sobre su espalda, roncando como una pequeña sierra.

A pesar del café, no quería levantarme, pero sabía que tenía que hacerlo, además del hambre y la necesidad de hacer pipí, podía sentir la prisa de Jamie. Teníamos que hacer la máxima distancia que pudiéramos antes del anochecer; el clima se hacía más amenazante cada día, y aunque hubiéramos pasado las montañas antes de que llegara la nieve, la idea de zambullirme en el lodo hasta la rodilla en el Piedmont no era mi idea de diversión.

"Levántate, Sassenach," dijo una voz baja escocesa, y un momento después, unas manos largas y heladas se deslizaron bajo las pieles y agarraron mis pies en un puño de hierro. Grité y lo mismo hicieron los niños, saliendo disparados de las mantas como un grupo de codornices.

"¿Qué...qué....qué...?" Fanny estaba agazapata al final de la tienda, con los ojos abiertos como un mono y el pelo alborotado. 

"[palabra malsonante en francés]" murmuró Germain entre dientes. "¿Qué pasa? ¿El fin del mundo?"

"No, es de día" dijo Jamie pacientemente. Estaba de cuclillas en la entrada de nuestra tienda, completamente vestido con su camisa de caza, calzones y plaid, y olor a humo y café pasando a través de él.

"Casi lo mismo,"  murmuró Germain y volvió a meterse bajo las mantas.

"Levántate pequeño perezoso." Jamie le cogió de un tobillo y tiró. "Mira a la hormiga y sé sabio."

"¿Hormigas?" Fanny se había sentado y peinaba su cabello con los dedos. "¿Las hormigas son sabias?" Parecía desconcertada pero no desorientada. A diferencia de Germain, y de mí, ella normalmente se despertaba en plena posesión de sus facultades.

"Es un pequeño trozo de la Biblia, Frances," dijo Jamie soltando a Germain, quién estaba a medio camino de la salida de la tienda aunque todavía tumbado. Le sonrió, sonrojado y alegre a la luz de la mañana. "Te compraré una para ti en Willmington."


NdT: La frase bíblica a la que hace referencia es "Go to the ant, you sluggard; consider its ways and be wise!" Su traducción en español: "Ve, mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos, y sé sabio."





2 de noviembre de 2016

#DailyLine (ADELANTO) "Virgins": El Día de Todos los Muertos

Fuente/Source: Diana Gabaldon



Estos son los Días de los Muertos, The Eve of All Hallows, La Celebración de Todos los Santos, La Celebración de Todas las Almas. Estos son los días en los que el año se repliega hacia adentro en sí mismo y recordamos a nuestros muertos, los invitamos a que pasen, y los tenemos cerca nuestro.

Tramo de "Virgins", relato que cuenta la historia de Jamie cuando tenía 19 años, y de su mejor amigo Ian que contaba con 20 años, como jóvenes mercenarios en Francia.

COPYRIGHT Diana Gabaldon 2014.

Ian hizo que Jamie lo acompañara a la catedral de San Andrés, e insistió en que comulgara. Jamie se había resistido, lo que no había sido una gran sorpresa.
"No, no puedo."
"Iremos juntos" Ian lo había tomado firmemente del brazo y lo había arrastrado literalmente a través del umbral. Una vez dentro, contaba con que la atmósfera del lugar hiciera que Jamie se quedara.
Su amigo se paró en seco con los ojos muy abiertos mientras miraba con cautela alrededor.
La bóveda de piedra del techo se cernía en sombras sobre sus cabezas, pero raudales de luz de color procedente de los vitrales se esparcían tenues sobre la desgastada pizarra de la nave lateral.
"No debería estar aquí," murmuró Jamie en voz baja.
"¿Dónde mejor, sonzo? Vamos," murmuró de vuelta Ian y empujó a Jamie por la nave lateral hacia la capilla de San Esteban. La mayor parte de las capillas laterales estaban amuebladas lujosamente, eran monumentos que reflejaban cosas importantes para las familias ricas. Ésta era pequeña, un hueco desnudo de piedra que contenía apenas  un altar, un tapiz descolorido de un santo sin rostro y un pequeño estante donde colocar velas.
"Quédate aquí." Ian plantó en seco a Jamie frente al altar y se marchó a comprar velas a la anciana que las vendía cerca de la puerta principal. Había cambiado de idea sobre lo de intentar que Jamie se confesara, sabía bien cuando se podía hacer que un Fraser hiciera algo y cuando no se podía.

Le preocupaba un poco que Jamie se hubiera marchado y se dio prisa para volver, pero Jamie todavía estaba allí, de pie en mitad del pequeño espacio, con la cabeza baja mirando el suelo.
"Toma," dijo Ian, empujándole hacia el altar. Plantó la vela en el estante, una vela de las caras, de cera y larga, y se sacó de la manga el papel que se usaba para encender que la anciana le había dado, tendiéndoselo a Jamie. "Enciéndela. Dedicaremos una plegaria a tu padre. Y .....y otra a ella."
Pudo ver las lágrimas temblando en las pestañas de Jamie, brillando en el resplandor rojizo que desprendía la lámpara que había colgada sobre el altar del santuario, pero Jamie parpadeó y apretó la mandíbula.
"Muy bien," dijo a en voz baja, pero dudó. Ian suspiró, le tomó el papel de las manos y poniéndose de puntillas la encendió con la lámpara del santuario.
"Hazlo," susurró, tendiéndole el papel  a Jamie, "o te daré una buen golpe en el riñón, aquí mismo."

Jamie emitió un sonido que parecía el resoplido de una risa y bajó el papel hacia la mecha de la vela. El fuego emergió, una llama alta y pura con el corazón azul, luego se asentó, cuando Jamie retiró el papel y lo sacudió, dejando una pluma de humo mientras se apagaba.

Permanecieron de pie durante un tiempo, con las manos ligeramente juntas delante de ellos, mirando como la vela ardía. Ian rezó por su madre y su padre, su hermana y sus muchachos..... con algo de duda (¿era apropiado rezar por un judío?) por Rebekah bat-Leah, y tras un largo vistazo a Jamie para asegurarse que no lo miraba, por Jenny Fraser. Después por el alma de Brian Fraser..... y luego, con los ojos fuertemente cerrados, por el amigo que tenía a su lado.

Los sonidos de la iglesia se desvanecieron, el susurro de las piedras y los ecos de la madera, el arrastrar de pies y la algarabía de las palomas en el tejado. Ian dejó de hablar, pero todavía rezaba. Y después también paró, y solamente hubo paz, y el suave latido de su corazón.

Escuchó el suspiro de Jamie, desde algún lugar muy profundo, y abrió los ojos. Sin hablar salieron, dejando que la vela continuara la vigilia.

"¿No querías ir a confesar?" preguntó Jamie parándose cerca de la entrada principal de la iglesia. Había un cura en el confesionario, y dos o tres personas de pie a una distancia discreta de la caseta de madera tallada, fuera del alcance de sus oídos, esperando.

"Puede esperar," dijo Ian,  encogiéndose de hombros. "Si tú vas a ir al infierno, será mejor que yo también vaya. Dios sabe que tu nunca te las arreglarás sólo."

Jamie sonrió, aunque fue una sonrisa pequeña, y empujando abrió la puerta a la luz del sol.